Vuelve la CromRide y la alegría de viajar

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Vuelve la CromRide, la motoruta por las comarcas de Girona que se caracteriza por su espíritu lúdico, la asequibilidad del recorrido y los puntos de paso. Este año, como de costumbre, no hay controles sorpresa, ni puntos extra para los que se compliquen la vida, sino unas carreteras espectaculares y muchas facilidades para recorrerlas, tanto si quieres tomar el atajo y hacértelo fácil, como si lo que quieres es descubrir las pistas más escondidas de la tierra. Este año, eso sí, con unas medidas de seguridad sanitarias adicionales para asegurar que el parque de proveedores y los controles de la ruta no se convertían en fuente de contagios de la Covid-19, pero muy bien acompañados por nuestra amiga Gloria Comino, acérrima motorista y piloto de una espectacular Honda CBR1100XX, también conocida como Superblackbird, la moto de serie más rápida del mundo en su momento … hasta que unos meses después Suzuki presentó la Hayabusa. Bueno, eso es otra historia …

Lee aquí: La experiencia de Gloria Comino en la CromRide 2020

Abrazos con los codos
Llegamos a lomo de nuestras 500DS de Voge, las trail medias de esta novedosa marca del grupo Loncin, viernes por la tarde a las horas convenidas (bueno, un poco antes) para visitar el parque de proveedores instalados en el pabellón del Baloncesto Girona, Fontajau. Allí encontramos empresas amigas como Keeway-Benelli, Galfer, Macbor o VectorNote, entre otros. Recogemos acreditaciones (nuestras Voge 500D lucirán los dorsales 437 y 438), saludamos viejos conocidos y reencontrados, es momento de saludos y de abrazos con los codos y poco a poco vamos preparándonos para iniciar al día siguiente bien pronto una nueva etapa de la CromRide, la 4ª edición (3ª para nosotros con presencia directa; el año pasado nos representaron los SmartMotoRiders). Gloria, además, tendrá una sorpresa que no esperaba: gracias a VectorNote que nos deja un roadbook, será ella quien nos gobernará por la ruta preparada por la gente de CromEvents, y no el GPS -sería demasiado fácil … -. A pesar de un día nublado y ventoso que en algún momento puntual se vuelve “lluvioso”, la previsión meteorológica para el día siguiente parece que nos garantiza una jornada espléndida. No se puede pedir más … aparte de tener habitación en el Hotel Carlemany Girona, un 4 estrellas al que nos invita gentilmente, como de costumbre, el Patronato de Turismo de Girona. No todas las motorutas pueden lucir esto…

Inicio matutino

Sábado día 4 comienza nuestra participación temprano por la mañana, visitando el pabellón de Girona Fontajau donde ya se nota la inquietud de muchos participantes para subir a las motos y empezar a rutear, después de tantas semanas sin poder hacerlo. Los meteorólogos han acertado de lleno con la previsión y el día se levanta radiante, luminoso y prácticamente sin una sola nube, lo que hace presagiar una jornada cálida pero perfecta para rutear en moto. Seguimos los protocolos, sellamos el pasaporte con el sello 0 de la salida, nos dirigimos al arco donde Joan Martí, gerente de CromEvents (organizadores de la gran fiesta) nos da la salida cuando faltan 12 minutos para las 8 de la mañana. Salimos de los últimos, dado que los primeros participantes lo llevaban haciendo desde las 6: 30h de la mañana, después de un desayuno gratuito ofrecido por la organización.

La ruta comienza por un clásico: el tramo de Els Àngels, emblemático inicio de la CromRide prácticamente a todas sus ediciones. Es una carretera enrevesada, sombría y bien asfaltada llena de… ¡ciclistas! En cualquier caso, siempre nos pasa lo mismo: nos quedamos con las ganas de visitar el Santuario de la Virgen de los Ángeles, en su cúspide… Y en una de sus bajadas suaves, ¡patapam! la primera foto oficial de Fotomotera. Aquí nos pilla un poco despistados y no acabamos de estar “guapos” para la foto…

Espectáculo en todos los sentidos

Desde allí nos dirigimos a Palafrugell para luego girar hacia el mar y seguir un tramo de la carretera de la Costa Brava desde Calella, pasando por las vistas absolutamente cautivadoras de las calas de Llafranc, Tamariu, Fornells y Begur. Pocas veces una motoruta nos lleva por pueblos de la costa tan pintorescos, y seguramente el denso tráfico que se sufre en esta época del año (incluso en un año como este en el que el Covid ha asustado el turismo) es la razón principal para evitar estos lugares. Dentro de Llafranc aprovechamos también para hacer el primer tour turístico involuntario dando alguna vuelta extra, pero eso sí, visitando el precioso Faro de Sant Sebastià.

Nos dirigimos después hacia Pals, un pueblo de postal en cuyo restaurante Ca la Pruna nos espera el primer control. Gracias a la inconfundible agua de Vilajuïga y su punto amargo con una sombra de gas natural, nos refrescamos y podemos seguir nuestro camino. Ahora llevamos unos 93 km de ruta. Son las 10 de la mañana.

Dejando Pals nos adentramos en uno de los tramos quizás más sosos y aún así llenos de encanto de la CromRide, que es el del Baix Empordà y el Pla de l’Estany, en espera de una de las primeras estrellas de la jornada: la subida al pueblo medieval de Beget pasando por el incomparable Montagut i Oix. La carretera hasta allí es salvaje, entre bosques, retorcida, estrecha y en ocasiones peligrosa, pero está lo suficientemente limpia. En la población donde reina la iglesia románica de Sant Cristòfol de Beget, el consorcio de la Manzana de Girona nos regala un aperitivo que nos irá de maravilla para resistir un poco más hasta la hora de comer y refrescarnos de paso mientras ponemos nuestro segundo sello en el pasaporte.

Nos vamos de Beget no sin hacernos el selfie de rigor en medio del pueblo y seguimos hacia el sur, primero por un tramo muy motorístico como es el de Sant Joan de les Abadesses y luego nos dirigimos hacia el tercer punto de control. Nuestras Voge, que se están comportando como auténticas bestias, cómodas, precisas y fáciles de llevar en carreteritas, pero potentes y muy controlables y ágiles cuando se las solicita, necesitaban ya un primer repostaje que fue poco antes de la población de las abadesas.

Tras un tramo de curvas rápidas y marcadas, y después de un bucle fallido que nos llevó a hacer un tramo largo de la C-37 de ida y vuelta por el túnel de Bracons (más turismo extra), llegamos al Santuari del Far, cerca de Rupit y a los pies del cual encontramos el Embalse de Susqueda. El último tramo hasta llegar a este punto de peregrinación es poco más que una pista rural asfaltada en la que encontrarse alguien de frente, incluso yendo en moto, puede ser comprometido. Pero las vistas desde el risco del santuario son realmente arrebatadoras, pese a que había un poco de neblina y no se podía disfrutar a fondo del espectáculo de las Guilleries. Una vez aquí, y habiendo añadido nuestro tercer sello en el pasaporte de la CromRide, decidimos tomar algo rápido para comer (lástima que la gente del bar no decidió lo mismo y lo que debía ser un “tentempié” rápido se convirtió en toda una comida sentados… aquí pinchamos nuestras medias totalmente).

Recuperando el tiempo

Salimos un poco enfadados por la pérdida de tiempo que hemos tenido y presionados por las horas de cierre de los controles que se nos echan encima. Pasando por Cantonigròs cae la segunda foto oficial de la jornada obra de Fotomotera. Llegando a la Plana de Vic constatamos la pequeña licencia que se ha tomado la organización que nos ha adentrado en la provincia de Barcelona, aunque no se lo tendremos en cuenta gracias a las carreteras extraordinarias por las que pasamos. Suponemos que por el efecto del calor o de la digestión de la comida, por los alrededores de Gurb la organización había previsto un cambio sobre la ruta original ya que un tramo de la carretera estaba en obras y aún no era transitable… Nosotros no hicimos caso (involuntariamente) a la organización a pesar de llevar el track en el GPS actualizado y, mira por dónde, estrenamos este nuevo tramo de carretera que enlaza la C-17 con la pequeña parroquia de Sant Cristòfol de Vespella.

Desde aquí fuimos a parar a las estribaciones del Montseny para llegar al Coll de Revell, lugar de referencia en la cultura motard del país, confluencia del Montseny y Les Guilleries. Cuarto punto de sellado de nuestro pasaporte y un control temático diferente gracias a la ambientación tan oportuna que preparó el Moto Club Impala, que convirtió el punto de paso en toda una recreación de los controles de regularidad de clásicas a los que nos tiene acostumbrados. No podía faltar una furgoneta Citroën 2CV ni, cómo no, una Montesa Impala para acabar de darle un sabor “añejo”. Lástima que aquí ya eran aproximadamente las 18:30 horas de la tarde y aún nos faltaban dos sellos y unos 80 kilómetros para dar por acabada la CromRide por lo que no nos pudimos entretener mucho. Aquí llegamos tras un “pique” épico con nuestros compañeros de ruta de Macbor y sus nuevas Montana XR5 estableciéndose una seria competencia entre ellas y nuestras Voge.

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Teóricamente, el control final de Fontajau cerraba a las 20h, así que ya os podéis imaginar el retraso que llevábamos … faltándonos todavía el sello de Hostalric, donde llegamos a las 19: 20h después del último de los regalos para la vista y los sentidos en forma de carretera, la de Masvidal en Sant Sadurní d’Osormort y desde allí, hacia Arbúcies. Llegados a Hostalric, fuimos prácticamente los últimos en sellar el pasaporte… Poco pudimos entretenernos en visitar esta hermosa población amurallada y presidida por una imponente fortaleza medieval, monumento histórico nacional. Beber un poco de agua para rehidratarnos, tras un día de calor moderado pero sostenido, y volver a subir a nuestras Voge para terminar la ruta después del 5º sello fueron una misma cosa.

Recapitulando

Y así fue que después de pasar por Santa Coloma de Farners y Sant Dalmai, dos tramos apacibles y sin grandes complicaciones, llegamos de nuevo a Girona Fontajau un poco antes de las 21h donde nos esperaban las tradicionales judías con butifarra y, cómo no, el 6º sello, regalo de llegada y la merecida foto en el photocall que certificaba así que teníamos otra CromRide en el zurrón. Fueron unas 13h en total de recorrido, de las que aproximadamente 9 fueron de moto real. Con ellas, cubrimos un recorrido que de haber sido preciso hubiera sido de unos 530 km, y que en nuestro caso terminó siendo de unos 580, gracias a ciertas “diversiones” que practicamos… Aún así, la CromRide acaba siendo siempre una ruta amable y sin estreses que nos permite disfrutar de las carreteras de Girona teniendo siempre la opción de acortar (o alargar) el recorrido a voluntad. Nota altísima para Gloria Comino, una excelente guía, siempre con buen humor y grandísima piloto que fue la mejor compañía para esta ruta, aunque en algún momento nuestros intercomunicadores Sena (ella, un 50R y Ernest, un 10C Evo) echaban humo con nuestras particulares conversaciones a pie de moto…


Os dejamos el video de la Crom Ride colgado en nuestro canal de Youtube para que podáis revivir esta especial edición:




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