“Un verano en moto atípico” – laEdito de MotoTaller nº289

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Repatea que ahora que podemos empezar a salir en moto porque tenemos más controlado el virus entre todos, tengamos que digerir que la siniestralidad entre los moteros está aumentando. ¿Por qué estamos viviendo este repunte de las víctimas mortales y los accidentes graves con motos implicadas? Seguramente no hay un solo factor que dé respuesta a esa incógnita, pero sí creemos que hay al menos tres que son los principales y que son a los que debemos enfrentarnos.

Por un lado, creemos que el principal factor por el que hay un aumento de la siniestralidad entre las motos es, simple y llanamente, por una cuestión estadística, porque proporcionalmente salen más motos que automóviles comparado con el mismo periodo de años anteriores. La amenaza de la propagación comunitaria de la COVID-19 por usar los transportes públicos y frecuentar los lugares concurridos han hecho crecer el temor al contagio en la población y eso ha empujado a muchos ciudadanos que habrían usado el metro, el tren o los autobuses a moverse en moto. Eso explicaría también en parte cómo se ha conseguido que los meses de junio y lo que llevamos de julio sean razonablemente buenos en cuanto a matriculaciones de motos, siempre poniendo las cifras en cuarentena —nunca mejor dicho— al tener que considerar el bajón del que veníamos en los meses previos.

Probablemente, hay un segundo factor más psicológico que ha influido en esta involución de las cifras de siniestralidad (los fallecidos han aumentado un 41% cuando la movilidad en julio solo se había recuperado un 32% con respecto a los mismos meses del año pasado). Llevamos tiempo encerrados en casa, con el verano ahí afuera llamando a nuestra puerta. Moteros enclaustrados como burbujas en una botella de cava agitada. Era de prever que los primeros fines de semana fueran de máxima actividad motera en nuestras carreteras… y consecuentemente, de mayor accidentalidad.

“Si quieres ser feliz un día, bebe. Si quieres ser feliz un año, cásate. Pero si quieres ser feliz toda tu vida, conduce una moto.”

Pero en lo que nos ocupa, creemos que hay un factor que de ninguna manera podemos descuidar como sector y que está relacionado directamente con nuestra actividad de posventa: el deficiente mantenimiento de muchas de las motos que han salido “a lo loco” estas últimas semanas, sin controlar presiones de neumáticos, niveles de desgaste ni de líquidos de frenos, estado de las suspensiones, embragues, cadenas y otros mecanismos implicados en la seguridad de la moto, habiendo pasado —las motos también— un largo confinamiento.

Este factor, por tanto, nos interpela como industria y en especial nos obliga a reflexionar si el papel del prescriptor, el taller de confianza que tan poco ha sido cuidado en general, no merece más atenciones y esfuerzos por parte de todos, porque a todos nos va en esto mucho. Incluso la vida. Tenemos todas unas vacaciones de verano por delante para darle un par de vueltas… en moto, si es posible.

¡Gas y V’s!



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