“Barcelona, no lo hagas” – laEdito de MotoTaller nº288

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Desde luego, hay que hacer algo y hacerlo ahora para que el planeta no se nos caiga a pedazos. Somos conscientes de que reducir la contaminación atmosférica y liberar a nuestras ciudades de la carga del exceso de tráfico y humos es tarea de todos y entre todos (subrayado) debemos encontrar fórmulas para mejorar el bienestar de las personas que en ellas vivimos. Ni se nos ocurre escurrir el bulto en esa tarea titánica que tenemos los humanos como especie.

Ahora bien. Entendámonos. La moto en las ciudades no es un enemigo de esos objetivos. Es precisamente un aliado. Gracias a la mayor eficacia y eficiencia de la moto como método de transporte individual, miles de desplazamientos diarios se con- fían a este medio y se descuentan del marcador del automóvil. Pero no solo eso. Viajar de puerta a puerta, circular con mayor agilidad, restar tiempo de espera en los semáforos o arrastrar menos peso por caballo de potencia hace que la moto pueda gozar de una eficiencia añadida respecto al automóvil (y ahí se pueden añadir los taxis municipales, por ejemplo), lo que le confiere más argumentos para ser la herramienta definitiva para desplazarse en ciudad y “ahumarnos” menos que otros medios.

No querer ver esto es miopía política y social. El ataque que las motocicletas vienen sufriendo en los últimos tiempos en varias ciudades, pero muy en especial en Barcelona —emblema europeo de la movilidad sobre dos ruedas, por otro lado—, está tensionando la situación hacia extremos poco deseables y parece que no es otra cosa que una maniobra para borrar del callejero la moto y, bien pudiera ser, empujar a sus usuarios a otras formas de locomoción de pago por uso que les tengan más controlados y dependientes. Visto desde lejos, parece como si la libertad e independencia que la moto te otorga para moverte molestara a las altas esferas, que prefieren poder controlar las masas con otros medios más cercanos a su manejo, como el motosharing o las bicis de alquiler. Llamadnos paranoicos.

Pero Barcelona se juega mucho más que los votos de algún partido en las próximas elecciones. La industria de la moto en los alrededores de Barcelona, en Catalunya y el resto del estado español ha significado tradicionalmente el sustento de miles de familias, creando desde el punto de vista tecnológico un pool de conocimiento y sinergias tremendamente interesante y puntero en Europa. El cierre de las plantas de producción y la progresiva desintegración de toda su cadena de proveedores no es sino un empobrecimiento para la región.

Por eso, presionar más las motos que los automóviles, los taxis o los cruceros por convertirnos más ecológicos y sostenibles puede que acabe provocando justo lo contrario. Debemos poner límites a esta moda de desprestigio y ataques, y hacerlo entre todos como sector. Tenemos muchos deberes.

¡Gas y V’s!




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