“Un debate electrizante” laEdito de MotoTaller nº296

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Nos las intentan vender como el futuro de la movilidad mundial, la salvaguarda de nuestro planeta para evitar la contaminación por la combustión carbónica, la modernidad hecha movimiento o la expresión de la solidaridad y el respeto hacia nuestros hijos. Pero no son tal cosa, o al menos no completamente.

Es innegable que la movilidad eléctrica ha venido para quedarse y cada vez más los gobiernos por un lado y los fabricantes por otro (movidos por el empeño y las leyes de los primeros, valga decir) empujan para cambiar nuestro modelo de movilidad privada hacia la utilización de vehículos que no dependan de combustibles fósiles para moverse.

Pero ojo, que no todo lo verde es tan verde como parece a primera vista. El vehículo eléctrico, a la práctica, desplaza la contaminación del centro de nuestras ciudades al lugar donde se genera la energía que lo mueve, máxime cuando esta generación de energía depende aún hoy en día mayoritariamente de fuentes no renovables; es un primer paso para hacer nuestras urbes más respirables, desde luego, pero no podemos autosatisfacernos con eso si realmente la voluntad de cambio es real y perdurable en el tiempo.

“Los obstáculos son las cosas horribles que ves al apartar los ojos de la meta.”

Henry Ford

Después está el reciclaje de las baterías. Porque, no lo olvidemos, al final de la vida útil de todos esos cientos de miles, de millones de vehículos eléctricos que ya llevamos unos años poniendo en circulación, algo habrá que hacer con el litio encerrado en sus celdas, un elemento tóxico para el ser humano y el medio ambiente que además puede ser inflamable al contacto con el aire, por lo que no prestar suficiente atención a cerrar correctamente el círculo de vida de las baterías puede acarrear graves problemas para la salud de las personas y de nuestro entorno natural.

Luego está la consideración estructural que provoca el hecho de que los vehículos eléctricos requieren una infraestructura nueva para ser recargados y que hasta poder llegar a niveles parecidos a los conseguidos hoy en día con los hidrocarburos, tendrán que pasar décadas y grandísimas y continuadas inversiones…

Y no hablemos de la sencillez constructiva de cualquier vehículo eléctrico, que lo hace altamente fiable, por supuesto, pero que al mismo tiempo significa una diezma a las oportunidades para el mercado de posventa en el que nos movemos. Ni se estropean tanto, ni necesitan tanto mantenimiento ni requieren un gran número de piezas de recambio, de manera que apenas necesitan cuatro fungibles: neumáticos, discos y pastillas de frenos y alguna correa de transmisión. Eso no deja demasiado margen para el optimismo en los talleres ni en los recambistas si el ejemplo prospera y se generaliza en las ciudades el uso de los escúteres eléctricos.

Siempre nos quedará la moto de combustión… Un momento… ¿siempre? Las leyes que vienen parece que no opinan lo mismo…

¡Gas (mientras podamos) y V’s!



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