Realizamos la Monegros Adventure de O2 Riders: Una de las actividades más divertidas que se pueden hacer sobre dos ruedas

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Desde el primer momento que pises las blancas roderas de los Monegros. Así vivimos nuestro bautismo de arena y piedras en el desierto más poblado de España, en el corazón de Aragón, gracias a los especialistas en rutas y experiencias O2 Riders. Y lo hicimos usando su servicio de alquiler de motos, de modo que disfrutamos doblemente al conocer las sorprendentes posibilidades de la Royal Enfield Himalayan que nos cedieron mediante el programa Himalayan Adventure.

Para qué nos vamos a engañar, tenemos larga experiencia ya en motorutas. Las hemos hecho de todo tipo, gastronómicas, panorámicas, tipo gymkhana, cortas, largas, agotadoras, de regularidad, sobre tierra, sobre asfalto, sobre algo que cuesta calificar como asfalto… Pero aún no nos habíamos adentrado nunca en un territorio que es totémico para los moteros, al menos en España: el (mal llamado) desierto de los Monegros, en Aragón. Fue así que cambiamos la edición de este año de la RodiBook, en la que nos representó por todo lo alto de los Pirineos nuestro querido Manel Kaizen, para asistir a la ruta Monegros Adventure organizada por los chicos de O2 Riders, el tándem formado por Pere Font y Alberto Mancuso especializado en rutas, eventos y experiencias relacionadas siempre con la moto. Les debíamos desde hacía tiempo participar en uno de sus “tinglaos” y a principios de septiembre nos estrenamos con ellos.

Instalados

Llegamos el viernes por la noche a Castejón de Monegros, en la provincia de Huesca, donde se sitúa el cuartel general de O2 Riders, su local social que es base de operaciones de la compañía y en el que nos esperaría nuestra amiga durante estos dos días de ruta polvorienta y arenosa: una Royal Enfield Himalayan que nos cedieron para desarrollar la ruta dentro de su programa Himalayan Adventure. Con él, no se necesita nada más que acudir a la cita preparado para disfrutar de la ruta, puesto que O2 Riders se encarga del resto: moto, equipaciones, cascos, protecciones… y por supuesto, alojamiento y manutención incluidas en el precio.

A Castejón de Monegros nos llevó como si del sofá del comedor se tratara una Yamaha T-Max 560 Tech Max de pruebas, que demostró que no es solo una moto de uso interurbano para salir ganando en el semáforo a semáforo. Llegamos casi sin despeinarnos a la cena del viernes en el Hostal La Chipranera, donde tuvimos el primer contacto con el grupo de moteros que nos lanzaríamos al día siguiente a devorar el blanco polvo omnipresente en los Monegros (no en vano se les conoce también como Montes Blancos). Un grupo totalmente heterogéneo de centauros llegados de diversos lugares de la geografía española: Madrid, Bilbao, León, Catalunya, Galicia… Algunos, seis, confiaron como nosotros en el programa Himalayan Adventure; otros acudieron con sus propias motos e incluso hubo un quad y un side-by-side que nos dieron soporte logístico durante el recorrido. Todos teníamos en mente el mito del desierto aragonés y en el corazón las ganas de descubrirlo sobre ruedas.

La jornada del sábado arrancó razonablemente pronto, a las 8:30h, con el desayuno en común y un pequeño briefing que nos empezaría a abrir aún más el apetito para montarnos en las motos y partir desde Castejón de Monegros con destino a Alquézar, el punto más septentrional al que llegaríamos durante la ruta sabatina y donde nos esperaría una merecida comida en el restaurante del Camping Alquézar a la sombra de los árboles de su terraza generosamente regada por un fresco viento.

Con ganas de salir

Tras los primeros preparativos y la formación del grupo, salimos en dirección noreste hacia Albalatillo y Sariñena, empezando el recorrido por uno de los puntos más pintorescos de nuestra ruta: el paraje de Jubierre, esculpido por el cauce del río Alcanadre entre otros. Jubierre toma el nombre de un pueblo que habría existido en el pasado en la zona y que hoy en día prácticamente está solo representado por la emblemática ermita de San Miguel; ha sido largamente inmortalizado en numerosos filmes por su evocación de los grandes cañones americanos. Cierto es que pasar por Jubierre montado sobre la Himalayan a esas horas de la mañana, bajo un sol suave pero inclemente y envuelto en el omnipresente polvo blanco de los Monegros transporta a cualquiera a la época de la Conquista del Oeste americano.

Por cierto, que volver a tener contacto con la primera Royal Enfield trail de la historia (ya la conocíamos de la presentación en Guadalajara en abril de 2018) no pudo ser más satisfactorio. Apenas en los primeros centenares de metros ya nos habíamos hecho a su ergonomía bonachona y clemente con su piloto, comodidad que combina al mismo tiempo con un gran control de la moto, sus masas bien ubicadas en la zona inferior que ofrecen la máxima capacidad de tracción con el mínimo impacto en el equilibrio y su modesto pero voluntarioso motor de apenas 24,5 CV con el que, sorprendentemente, se llega a casi cualquier parte, por abrupta que sea. No es una moto de grandes brillos, e incluso estéticamente puede parecer de belleza distraída, pero te lleva a dar la vuelta al mundo sin pretensiones, con la máxima fiabilidad y gastando una miseria.

En el término municipal de Sena (sí, sí, como nuestro intercomunicador 10C Evo recién estrenado, con el que tomábamos vídeo e instantáneas constantemente), y tras separarnos el grupo de “carteros” con las Himalayan de los aguerridos endureros del resto del pelotón, tomamos la carretera A-131 en dirección norte en una de las mínimas concesiones al asfalto que tendríamos durante todo el fin de semana. Desde Sariñena saldríamos de nuevo en dirección norte para volver a meternos por caminos de tierra flanqueando campos de cultivo de cereales. Más adelante, en este mismo tramo, rodamos paralelos al canal de riego de Pertusa, una imponente obra de ingeniería que sirve de acequia para los numerosos latifundios agrícolas colindantes.

Llegando a las proximidades de Peralta de Alcofea, otro pequeño tramo de enlace por la carretera A-1223 nos lleva a cruzar de nuevo el cauce del río Alcanadre, sorprendentemente caudaloso para ser esta época gracias a las inusuales lluvias de esta temporada. Por una pista que escala el Barranco de Barbamuro llegamos al pueblo de Pertusa, desde el que enfilamos otro tramo intenso de offroad hacia Barbuñales y, ahora en una zona inusitadamente boscosa, cruzamos Ponzano y Lascellas para seguir en dirección noreste hacia Alquézar, paralelos al Barranco de la Fondota.

La frescura de primera hora de la mañana va dejando paso a un calor cada vez más intenso y propio de los principios de septiembre. Son cerca de las 14h y cuando dejamos el pueblo de Radiquero, retomamos por muy pocos kilómetros la carretera A-1233 para llegar al Camping de Alquézar, donde será el avituallamiento. El calor es manifiesto y las cervezas caen una tras otra con fruición, mientras gozamos de la benévola sombra de la terraza. Las Himalayan han demostrado largamente ser grandes motos, permitiéndonos ir al ritmo de los demás participantes en la Monegros Adventure con sus potentes trail y endutrail sin tener que ir sufriendo los kilos y los caballos de más de sus motos.

Una comida con sabor a miel
Como anécdota, Alquézar fue punto de parada común para la RodiBook que se estaba celebrando simultáneamente ese mismo sábado 4 de septiembre. Por pocos metros no coincidimos con la caravana de la prueba de resistencia con origen y final en Vielha, y de la que encontráis un generoso reportaje en estas mismas páginas de MotoTaller. Nos quedamos, eso sí, con las ganas de visitar esta turística población presidida por su castillo-colegiata que corona la peña por las laderas de la cual se desparrama el resto de viviendas del pueblo.

Tras la comida y un breve descanso para reponerse del calor, empezamos a descender en dirección suroeste para ir retornando, poco a poco, a Castejón de Monegros. El primer punto de paso será un intento de remojarnos en el río Vero poco después de salir de Alquézar y justo bajo el medieval Puente l’Albarda, pero en este caso no hubo suerte y el exiguo caudal no daba ni siquiera para remojarse los pies. Siguiendo el barranco de Lumero y posteriormente el de Las Tosas por una pista paralela a la A-1229, ganamos Adahuesca, donde viramos al sur para ir cubriendo etapas: Huerta de Vero (donde tuvimos algún traspiés con el track de la ruta que nos llevó a hacer algún kilómetro y bucle extras), Azara y Peraltilla, donde tras cruzar la A-22 por uno de sus caminos de servicio tomamos una pista hacia Laluenga y desde ahí, por una zona bastante rápida que se alternaba con pedregosos caminos, llegamos a Peralta de Alcofea.

Fue en esta población donde una de las Himalayan tuvo a bien pinchar una rueda justo delante de un bar en el que, qué casualidad, íbamos justamente a tomar un refresco para combatir la chicharra de la tarde aragonesa. Verdaderamente se formó un espectáculo viendo trabajar a Pere Font cambiando la cámara delantera de la Royal Enfield con rudimentarias herramientas, manteniendo la moto elevada montada sobre una silla del bar y ofreciendo a la gente del pueblo y a la caravana de la Monegros Adventure la mejor manera de llenar la soporífera tarde del sábado. Al más puro estilo ibérico: uno trabajaba y los demás mirábamos…

El traspiés (¿o deberíamos decir “trasrueda”?) provocó un retraso notable en la caravana de mensajeros del clan Royal, así que decidimos acortar algo del track original para no penalizar demasiado y evitar en parte la sorna del resto de expedicionarios… Así que, tras repostar en Sariñena para dejar las motos con el depósito lleno para la jornada dominical, nos dirigimos de nuevo al paso de Jubierre para disfrutar de las incomparables luces de la hora dorada. Tras algo más de 210 km, alcanzamos de nuevo Castejón de Monegros sobre las 20h, mucho menos cansados de lo que cabría esperar a priori tras casi 6 horas de moto con un 80% de recorrido fuera pista. Eso sí, la ducha y posterior cena resultaron balsámicas y nos abrieron el apetito a la ruta que O2 Riders nos había preparado para el día siguiente, que debía ser más corta pero más intensa aún.

Segundas jornadas sí fueron buenas
Amanecimos el domingo 5 preparados de nuevo para la acción a lomos de las sufridas y resistentes Himalayan. La nuestra iba adornada con la atractiva decoración Camouflage, un patrón aparecido en el model year 2019 que nos tiene locos. La única gran pega de funcionamiento de esta moto es el pobre rendimiento de sus frenos, a pesar de montar un sistema de Bybre, la joint venture de Brembo en la India. Cuando te olvidas de lo poco que frena la maneta delantera, es habitual pegarte un buen susto intentando detener la moto en el espacio disponible antes de comerle el trasero al coche que te precede. Se rumorea que para 2021, ese será uno de los aspectos mejorados de la nueva trail indobritánica, y a fe que lo necesita como agua de mayo.

Salimos todo el pelotón agrupado desde Castejón a eso de las 9:30h en dirección a Monegrillo, pero esta vez rodeando el espectacular barranco de La Estiva. En su orilla este tuvimos un momento para hacernos algunas fotos de grupo y asomar la nariz a la ventisca que se arremolinaba justo en la arista del barranco, tentando a la gravedad y al vértigo de la altura. El descenso a Monegrillo fue espectacular, por las luces de la mañana y por un par de curvas cerradas que obligaron a ser algo más técnicos de lo habitual en este evento. Visto el excelente rendimiento de las Royal frente a sus compañeras de ruta, decidimos que no había motivo para separarnos en dos grupos así que todo el recorrido del domingo lo cubrimos todo el pelotón, unos 14 integrantes, en caravana.

Hasta Farlete llegamos por carretera para iniciar uno de los tramos que recordamos con más sorpresa y cariño: la subida a La Torraza, una fortificación del siglo XII que preside el barranco de San Caprasio y que resulta la antesala de la montaña homónima que pasa por ser la más alta de la zona. Una pista retorcida y plagada de piedras en subida nos obligó a abrir bien los ojos para evitar salir por orejas… aunque en las Enfield era una posibilidad bastante remota. Nos faltó la visita a la ermita y cuevas de San Caprasio, un espectáculo de alto interés cultural y geológico. Habrá que volver.

Las trincheras
Descendiendo de San Caprasio disfutamos de un entorno boscoso y húmedo que desmiente por completo lo que todos tenemos en mente al pensar en los Monegros. Poco antes de alcanzar la carretera A-129 llegamos a una zona elevada sobre el valle de Alcubierre en la que se erige un memorial a George Orwell y su participación en la Guerra Civil española. En este espacio se han conservado las trincheras de la línea de defensa republicana sobre el bando insurrecto, así como algunas casetas y nidos de ametralladoras en los que vivió durante varios meses el escritor británico y en los que escribió el libro Homenaje a Catalunya, en el que describía la resiliencia de los milicianos populares frente a la ofensiva del ejército franquista durante la contienda. Orwell sería, sin embargo, mundialmente conocido por su grandísima obra 1984, una novela distópica en la que formuló el concepto del Gran Hermano que todo lo ve.

Tras detenernos un buen rato en este memorial de visita obligadísima, seguimos ruta hacia Alcubierre y, una vez superado el pueblo, seguimos en dirección a Lanaja, pero antes de llegar, nos bifurcamos por una pista hacia el sur-sureste que nos ofrecería el paisaje más apocalíptico de nuestro viaje. Monegros en estado puro con tierras blancas, amarillas y grises y algunos pedregales en los que nuestras Royal se defendieron como pudieron, no sin alguna caída inoportuna pero sin mayores consecuencias. Durante este último tramo offroad cruzamos algunas casas abandonadas, restos de lo que debía haber sido alguna finca rural productiva en el pasado, aislada y fría. Poco a poco, fuimos consumiendo los poco más de 120 km previstos, hasta llegar de nuevo a Castejón de Monegros, donde tras algo más de 3 horas de moto recalamos para dar por finalizado el recorrido en moto.

Compartiendo mesa para la comida de nuevo en La Chipranera dimos por finalizado este bautizo monegrino, no sin conjurarnos para volver en cuanto hubiera de nuevo ocasión. El desierto aragonés, árido, duro, seco, lejos de repeler, atrae a los moteros aventureros. Y más aún si la experiencia se vive junto a los chicos de O2 Riders, que hacen que el viaje sea divertido, llevadero, fácil.



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