“La mejor opción para moverse” laEdito de MotoTaller nº292

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Con estos tiempos que nos ha tocado vivir, nos hemos encontrado insospechadamente con un aliado algo incómodo que ha ayudado a que las ventas de motos hayan estado repuntando durante casi medio año: la propia pandemia.

Sí, señores, ha sido un extraño fenómeno, pero el miedo (fundado) a ir a trabajar en transporte público y con ello arriesgarse más que nunca a no poder mantener la distancia social interpersonal ha sido un acicate importante para que muchos de los sufridos curritos que tienen que llegar a su lugar de trabajo sí o sí, hayan optado por ir sobre dos ruedas motorizadas para asegurarse una burbuja de protección vírica, al menos durante ese trayecto cotidiano. Después ya se verá lo que pasa.

Aquellos que ahora teletrabajamos —cada vez somos más, nos guste o no—, hemos cambiado nuestros hábitos de movilidad en el sentido opuesto, pero bien es cierto que tanto talleres como concesionarios han estado disfrutando estos últimos meses de una situación extrañamente exitosa. La perspectiva de unos medios de transporte colectivos atestados de gente en hora punta y convertidos en el patio de juego en el que cualquier carga viral quisiera vivir para siempre contagiando, ha hecho desempolvar y poner a punto motos antiguas y desempacar motos nuevas para revelarse como el transporte privado más ágil, económico, conveniente, ecológico y pandémicamente seguro de los que juegan en el tablero de nuestras ciudades, incluso a pesar de los patinetes eléctricos, que parecen destinados a convertirse en el elemento de movilidad de la próxima década que empieza a finales de este diciembre. Por cierto, que ya era hora que el Reglamento General de Conductores considerara los actuales patinetes eléctricos, auténticas flechas urbanas que pueden ser conducidas —no lo olvidemos— sin casco, sin seguro, sin matrícula y sin pagar impuestos (todo un acervo de agravios para la moto), vehículos de pleno derecho en la legislación vigente, de forma que gozan del derecho a circular por nuestras calles y se someten por fin al deber de respetar las normas y no entreverarse en el espacio de los peatones como hacían hasta ahora.

Retomando la idea de que la moto ha gozado de un bienvenido e inesperado éxito en estos meses de recuperación de la actividad, solo hay que comprobar como las cifras, pero sobre todo las sensaciones de los empresarios que están al frente de los negocios de la moto han reverdecido. Apenas sí servirán para salvar los muebles y los libros de contabilidad de un 2020 aciago en muchos aspectos, pero por lo menos parecerá ablandar el golpe.

Pero cuidado… ni todo el monte es orégano ni toda la ciudad, carretera de ladrillos dorados. La incertidumbre (lo único que parece cierto en estos tiempos) ha vuelto a aparecer y presagia un fin de año de inmovilismo en cifras que azuza de nuevo el temor a una dura recesión en el sector para entrar en 2021. No queríamos ser pesimistas, pero…

¡Gas y V’s!



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