Harley-Davidson Ultra Limited: “Experiencia religiosa”

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No sabemos exactamente lo que tiene esta Harley-Davidson, pero cuando nos ponemos a sus mandos nuestro cerebro cambia el chip automáticamente. Una vez sentados en el cómodo butacón de esta Ultra Limited, nos sentimos un motero diferente al resto. Esta motocicleta nos reprograma la mente para que podamos disfrutar tranquilamente de nuestra carretera favorita (si es ancha y con curvas suaves mejor) sin ningún tipo de prisa ni agobio. A esta Harley no le gusta la ciudad y nos lo hará saber cada vez que entremos a una gran urbe repleta de coches, semáforos, viandantes, patinetes y bicicletas.

De punta a punta
Independientemente de si nos gusta más o menos este estilo de moto, no se puede negar que esta moto es especial, que tiene alma. El modelo en cuestión es uno de los más grandes que ofrece la firma de Milwaukee en su catálogo y ha sido específicamente diseñado para cruzar el país de las oportunidades de punta a punta con un alto grado de confort y teatralidad. Con esta moto da igual si vamos solos o acompañados. Ambos pasajeros irán igual de cómodos y podrán llevar tanto equipaje como se quiera.

Esencia intacta
Como suele ser habitual en estas Harley grandotas, nos encontramos con una minuciosa atención a los detalles con los que poder entretenerse durante horas. La calidad percibida es altísima en cada una de sus partes. Los materiales y los ajustes son de primera y justifican parcialmente parte de su elevado coste. Cuesta encontrar algún elemento que no esté perfectamente rematado o bien resuelto. Los pocos plásticos que vemos tocamos están increíblemente bien acabados. Entre las maletas laterales y el arcón trasero, tendremos toda la capacidad de almacenaje que podamos necesitar. Todos los elementos y componentes se sienten robustos y capaces de durar toda una vida.

American Touring
Mastodóntica es quizás el adjetivo más obvio, pero también el que mejor describe esta espectacular motocicleta americana. Su imponente estampa nos da muchas pistas sobre el descomunal peso que tendremos que gestionar al convivir con ella. También es innegable que Harley-Davidson domina el arte de crear unas bellas motocicletas que parecen ancladas al pasado. No obstante y pese a su icónica estética, la Grand American Touring se siente una moto relativamente moderna que equipa tecnología punta muy bien integrada. Buen ejemplo de ello es la enorme pantalla táctil de última generación, un potentísimo equipo de audio (que era el de serie) o el práctico sistema de arranque sin llave.

Cambio de chip
Cuando procedemos a mover la moto en parado, debemos tener en cuenta sus cerca de 400 kg… sí, 400 kilos más nuestro peso, el del pasajero y el del equipaje. Toda esta inconmensurable masa queda bastante bien disimulada en cuanto empezamos a rodar. Sentimos el también icónico ronroneo del Milwaukee-Eight 114 de casi 1900 cc, un propulsor que nos ofrece una ingente cantidad de par motor. Engranamos primera y con una sola punta de gas nos empezamos a mover. Como decíamos al principio, te cambia el chip pues tu cerebro sabe que debes anticipar tus movimientos un poco más que en cualquier otra motocicleta.

Cumplidora
Una vez afrontamos una carretera despejada y con buena visibilidad, enroscamos el puño para ver qué pasa. Los cerca de 90 CV del propulsor empiezan a cabalgar y cogemos velocidad sin inmutarnos. Pese al enorme peso, el propulsor empuja con fuerza y nos permitirá realizar cruceros a velocidades bastante pasadas el límite legal sin ningún tipo de esfuerzo. Cuando llegamos a la primera curva pronunciada y nos disponemos a frenar es cuando las leyes de la física entran en acción. Contamos con un potente sistema de frenado (firmado por Brembo), pero percibimos todos los kilos del mundo empujando hacia delante. Lo mismo ocurre con un conjunto de suspensiones bien resuelto que ofrece mucho confort y también suficiente compostura al encarar curvas. Si nos adaptamos a los límites marcados por la motocicleta, nos lo podremos pasar en grande enlazando curvas. Incluso, podríamos decir que se siente hasta ágil si tenemos en cuenta todo lo que estamos arrastrando.

Hábitat natural
Una vez entramos en una autopista, todo empieza a cobrar más sentido. Circulamos a 120 km/h con un brutal grado de confort tanto por su posición y asiento como por su protección aerodinámica. La Ultra Limited filtra bien las irregularidades y solo nos transmitirá un poco de descontrol circulando a altas velocidades. De nuevo, esto no es una pega pues esta moto no está hecha para ir rápido. Gracias a los deflectores móviles del carenado delantero, podemos regular el flujo de aire para contrarrestar el calor emitido por el bloque de combustión, aspecto en el que la marca ha trabajado con este nuevo motor (el Screamin’ Eagle anterior emitía bastante más calor). Además, su potente equipo de sonido también nos permitirá escuchar con una calidad y definición sorprendentes tanto la última canción de Rosalía como una clásica balada de Metallica.

Nicho exclusivo
La Ultra Limited es una moto que nos ha encantado por muchos motivos, pero que casi con total seguridad nunca nos compraríamos. Manejar esta Harley se torna en una experiencia religiosa que nos hará sentir una montaña rusa de sensaciones y emociones. Todo el mundo detendrá su vida unos pocos segundos para admirar semejante máquina. La marca americana entiende la calidad y el lujo de forma un tanto diferente a los europeos y japoneses. No vale la pena ni comparar pues esta moto juega en su propia liga y tiene su propio y exclusivo nicho de mercado (en el que solo compiten Indian y la BMW R18). La firma de Milwaukee le ha puesto un precio de partida de 36.500 €, una cifra que va a aumentar sustancialmente en el momento que empecemos a escoger los diferentes extras y accesorios propuestos en el catálogo. Lo que ves es lo que hay. Lo que parece es lo que es. Si te gusta la estética, aceptas sus limitaciones en cuanto a peso y dinamismo y tienes el dinero, esta moto te hará disfrutar. Como mínimo, una vez en la vida todos los moteros deberíamos tener una de estas un fin de semana para saber lo que es. Probablemente, no nos la compraremos, pero se nos dibujará una sonrisa en la cara cada vez que recordemos aquella escapada.



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