“El tablero global más asiático” laEdito de MotoTaller nº302

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Que China es la fábrica del mundo nos hemos hartado de leerlo y hasta de decirlo. Pero cuando hablamos de fábrica nos viene a la cabeza la imagen de un lugar sucio, inmenso, descuidado, con miles de trabajadores hacinados en condiciones poco saludables, gobernado por mandamases tiránicos que solo saben explotar avaramente sus recursos y sus ganancias. Pues… ¡qué equivocados estamos!

Asia, China en concreto, se ha convertido en la factoría global gracias a que un día se puso de moda en el mal llamado primer mundo consumir muchos productos muy baratos sin tener en cuenta su origen. El gigante asiático ha sabido en las últimas dos décadas seguir la senda creativa de tecnología marcada por Japón y Corea, y ha podido hacerlo porque los que habían creado la tecnología, los mismos que invirtieron millones y millones de dinero y tiempo en desarrollar productos únicos y característicos, se encargaron de llevarles ese saber hacer en bandeja con el único propósito de fabricar más barato. ¡Cuánta miopía!

¿Y eso es bueno o malo? Pues como siempre, depende de cómo se mire. Para la industria y la investigación y desarrollo de nuestro viejo y anquilosado continente europeo, es nefasto. Vamos tarde en todo por intentar reverdecer antiguos laureles. Ser la cuna de la civilización (?) no sirve de gran cosa en el mundo global que habitamos, a excepción de para recaudar más impuestos que en ningún otro lugar del mundo y mantener castas extractivas enteras de trabajadores no productivos que pesan como una losa sobre los músculos industriales que sí crean riqueza.

Bueno, y toda esta elucubración, ¿por dónde narices liga con la moto? Pues con casi todo lo que tiene que ver con nuevos modelos emergentes y especialmente con marcas de motos que ya existían, que habían desaparecido por sus problemas financieros y que hoy en día están en manos del capital asiático, que a base de refreír tecnologías desarrolladas por Japón, América o Europa hace algunas décadas, cada vez está consiguiendo modelos de motos más atractivos, tecnológicos, fiables, versátiles, adaptados a las necesidades y gustos europeos y, sobre todo, como siempre, más económicos.

El paradigma de este fenómeno —aunque desde luego no es el único— es Loncin, un auténtico monstruo que se ha valido de su potencia económica e industrial por ser el fabricante de motores de BMW, Honda o Kawasaki para succionar tecnologías obsoletas de estos constructores (que obviamente se lo han permitido, no hablamos de copias, ojo) para configurar su marca propia Voge.

Nadie dice que sea fácil, aunque sí que valdría (y mucho) la pena: Europa debería reaccionar para recuperar industria, investigación y tecnología, relocalizar la producción y hacer acopio de recursos. De lo contrario, vamos a tener que irnos acostumbrando a esta invasión silenciosa.

¡Gas y V’s!



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