“Con la logística hemos topado” laEdito de MotoTaller nº299

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Llega el verano, el calor, las vacaciones se acercan, se relajan las restricciones, los talleres están a tope de trabajo (no así de facturación, ojo), las ventas de motos están disparadas y la industria está intentando despertarse del letargo con muchas ganas y algunas dificultades añadidas con las que no podíamos contar. Unas de las más sorprendentes están siendo las relacionadas con la logística, esa especie de caja negra que parece no tener importancia, que todos la damos por supuesta, pero que cuando falla hace colapsar todo el resto de industrias. Y esa ultradependencia, esa interacción a escala mundial nos lleva de cabeza a una reflexión sobre el modelo económico reinante y su sostenibilidad que casi roza lo filosófico.

Con la pandemia y el “resfriado” del encallado del Ever Given en el Canal de Suez, la logística ha cobrado un protagonismo poco esperado y no necesariamente positivo. Máxime cuando tantas y tantas cosas dependen de un modo u otro de Asia. La tierra que intentó conquistar Alejandro Magno y exploró Marco Polo es, ¿quién lo niega?, la fábrica del mundo. Desde las piezas de plástico más simples hasta los microprocesadores más complejos, pasando por metales en bruto, cobalto y litio para baterías o sofisticados chasis de aluminio de alta tenacidad, todo sale de Tailandia, India, Vietnam, Pakistán, Japón, Corea, Taiwán o, cómo no, China. Eso convierte las industrias europeas y americanas en “yonquis” de la Gran Fábrica Asiática.

“Se puede vivir sin moto, pero no vale la pena.”

Con la paralización de la actividad por culpa de la pandemia, las industrias mundiales —también y sobre todo las asiáticas— han tenido que replegarse, deteniendo su ritmo frenético. El arranque está siendo irregular, errático y desincronizado, lo que unido a la gran inercia que necesita cualquier industria para reactivarse tras un parón así y también unido a la estrategia de acopio de recursos que han aplicado muchas de esas industrias asiáticas para asegurar su suministro interno, aparcando momentáneamente el avituallamiento de las industrias exteriores, ha provocado casos extremos como el de algún fabricante de motocicletas que ha tenido que detener el ensamblaje de sus productos porque tiene los almacenes llenos de motos totalmente acabadas a la espera de recibir sus centralitas de motor, por ejemplo; o que la logística naval, que no da abasto a transportar todo lo que hay que llevar de un lado a otro del mundo, con recursos humanos menguados y con mucho trabajo acumulado tras meses de pandemia ha disparado sus costes, en algunos casos multiplicando por tres, en otros por seis, en otros por 10 lo que le cuesta a importadores y distribuidores hacer llegar las mercancías (motos, en este caso) a su plaza. Y en casi todos los casos, ampliaciones de plazos que desbaratan cualquier intento de programación.

Aún así, el mercado rebosa ganas de recuperarse. Parece que el verano está animando el patio. ¡Ahora toca salir mucho en moto para redondearlo!

¡Gas y V’s!



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