Crom Ride 2022: Girona en el mapa

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Nueva edición de una de nuestras motorutas favoritas por el buen rollo y el relax que se respira en ella. El ambiente amigable y el recorrido razonable en kilometraje de la CromRide hacen de este encuentro organizado por CromEvents uno de los más significados del calendario. En esta su sexta edición, no defraudó las expectativas, ni por la belleza de su trazado ni por la excelencia de su organización.

Superados los tiempos de la pandemia, que por suerte CromEvents sorteó magistralmente al organizar sus dos anteriores ediciones, la CromRide Girona llegó a su sexta edición en plena forma, con unas 650 motos inscritas y el buen ambiente de siempre al que nos tiene acostumbrados. Generalmente, a todas las motorutas uno va a disfrutar, pero en la mayoría de ellas se respira cierto aire de reto que condiciona esas buenas sensaciones a poder llegar al destino en un tiempo razonable y sin que el cansancio haga demasiada mella. La CromRide se caracteriza por ser más relajada que la media, con un recorrido muy asequible incluso para motoristas que no estén muy acostumbrados a largas palizas por carretera, de forma que todos disfruten. También la elección de carreteras descarta tramos demasiado rotos o de navegación compleja que obliguen a un excesivo nivel de concentración, minimizando así el riesgo que los participantes se pierdan o tengan “sustos”. Además, no hay controles secretos ni puntos adicionales por ir por las carreteras marcadas en el track oficial, y la ubicación de los puntos de control se conoce con mucha antelación, de manera que puedes plantearte hacer la ruta menos fácil o bien poner en el navegador los puntos y unirlos por las vías más rápidas disponibles, y nadie te penalizará por esa decisión. Es por eso que la CromRide se ha ganado ese aura de evento amigable con el que seguro, seguro te lo pasas bien con una dosis de sufrimiento mínima.

La sexta edición no fue una excepción y con sus 540 km según el recorrido oficial (nuestras Morini marcaron algo más de 560 km tras el evento, aunque cierto es que algún pequeño error de navegación cometimos) satisfizo enormemente a sus participantes. El equipo MotoTaller cubrimos el recorrido en unas 12 horas pero la mayoría de participantes lo hicieron en menos tiempo, con lo que queda claro que la CromRide no inflige nunca un gran castigo a las posaderas del motero, haciéndola ideal para todo tipo de motos y también para realizarla acompañado y no perder la amistad de tu copiloto…

El pabellón de baloncesto de Girona Fontajau fue de nuevo el testigo de la salida y llegada de la ruta, así como de un nutrido village de proveedores (ver recuadro) en el que no faltó ningún gran nombre relacionado de algún modo con el mototurismo. La jornada del viernes fue la que dedicamos junto a nuestra inquieta colaboradora habitual Gloria Comino, para recoger las acreditaciones y visitar los distintos stands del village, además de poder saludar un montón de amistades ya conocidas y hacer algunas nuevas.

El sábado 2 de julio las salidas de participantes se iniciaron a las 7:00h de la mañana. MotoTaller arrancó a las 7:50h, cuando habían salido aproximadamente la mitad de los participantes. Se nos hizo extraño empezar el recorrido sin pasar por el tradicional tramo de Els Àngels, auténtico icono de la CromRide, pero empezamos por un Santa Pellaia-Sant Sadurní de l’Heura-Cruïlles que no defraudó en absoluto. Cruzando el Baix Empordà llegamos al primer punto de control en Castelló d’Empúries, en las importantes ruinas grecorromanas de Emporion-Emporiae, donde el agua de Vilajuïga aplacó nuestra sed. El día empezó fresco pero se esperaba un calor intenso durante la jornada, aunque finalmente no resultó ser tan grave como la previsión amenazaba.

Al segundo punto de control en el majestuoso pueblo de Castellfollit de la Roca llegamos tras un recorrido en dirección oeste pasando cerca del imponente lago de Banyoles. Construido sobre un acantilado basáltico, el punto de control se situó frente al pueblo en el Mirador del Pont, lugar desde el que era posible ver la imponente silueta del macizo sobre el que se asienta esta población. Desde ahí, enfilamos la mítica Collada de Toses para alcanzar las instalaciones de la pista de esquí de La Molina, lugar del tercer punto de control. Allí llegamos sobre las 14 h con un calor que se había ido aguantando muy bien hasta entonces. De todas formas, al salir de allí y enfilar el Coll de la Creueta hacia Castellar de N’Hug y posteriormente Guardiola de Berguedà, nos golpeó un aire de fuego que hizo más tediosa la conducción

Sin embargo, llegando a Gósol, donde nos esperaba el cuarto punto de control, una fuente de agua helada en el centro de la Plaça Major de este municipio leridano a los pies del Pedraforca, nos sirvió para refrescarnos por dentro y por fuera, en especial teniendo en cuenta que para llegar al quinto control en Viladrau tuvimos que superar la etapa más larga de la CromRide, más de 120 km, cruzando por la provincia de Barcelona las comarcas del Berguedà, Lluçanès y Osona.

Desde Viladrau, un bonito pueblo en la falda del Montseny donde además nos esperaban las deliciosas manzanas o “pomes de Girona” como tentempié de la tarde, nos quedaban menos de 70 km para alcanzar de nuevo el pabellón de Girona Fontajau, y éstos transcurrieron de camino a Sant Hilari Sacalm y después por el tramo de Sant Miquel de Cladells, típico del Rallye Catalunya, hasta Santa Coloma de Farners y posteriormente ya, Girona. La recompensa de tener todos los sellos en el pasaporte se complementaba con la hamburguesa con nachos que la organización previó como cena para los participantes.

Fue una edición muy llevable de la CromRide, en la que el recorrido aunaba belleza, ritmo, tramos rápidos con algunos más lentos, pero ninguno de exagerada exigencia, lo que se agradece y contribuye a ese espíritu bonachón de esta emblemática motoruta. ¡Ya estamos deseando que llegue la de 2023!”

Contentos con las Moto Morini X-Cape
Nuestras monturas para esta CromRide fueron nada menos que dos Moto Morini X-Cape 649, una limitada para el carné A2 (47 CV teóricos, porque por su rendimiento no parecía limitada) y con llantas de aleación y otra con toda la potencia (61 CV) y llantas de radios sin cámara. Esta nueva trail del segmento medio, cuya expectación en el mercado se corresponde con lo llamativo de su estética y la fiabilidad que se le supone a ese motor derivado del de la Kawasaki ER6/Versys, se reveló una máquina capaz y cómoda durante las varias horas de recorrido, dándonos múltiples alegrías en cuanto a comportamiento dinámico, frenada y estabilidad, y con toda la potencia necesaria para disfrutar de las carreteras más ratoneras y también para moverse muy dignamente en vías rápidas, cosa que no abunda normalmente en nuestras motorutas.

Solo es perfectible en estos nuevos modelos, fabricados por el grupo chino Zhongneng, algunos detalles como la falta de indicador de temperatura ambiental, la selección manual de la luz diurna o lo complicado de regular la altura de la cúpula desde el puesto de conducción; por lo demás, se trata de una moto sorprendentemente bien acabada y tecnológica: cuenta por ejemplo con indicador de presión de los neumáticos, dos modos de motor, conexión Bluetooth para gobernar el teléfono y la música o ABS desconectable, además de suspensiones totalmente regulables, iluminación 100% por ledes o piñas retroiluminadas. Su precio es igualmente más que interesante: 7.290 € para la versión con llantas de radios y 7.790 € para la de radios.



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