Rider 1000. La crónica de Gloria Comino

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Lo primero que tengo que decir es que ni la Royal Enfield Interceptor 650 ni la Rider 1000 te dejan indiferente. Yo era escéptica con ambas desde un principio pero tengo que decir que  me han sorprendido como hace tiempo no me sorprendía nada tan placenteramente.

Cuando mi amigo Ernest me llamó para ofrecerme la posibilidad de realizar la Rider 1000 en su versión 700 de kilómetros (Rider 700) y con una moto muy peculiar como es la Interceptor 650 mi primera reacción fue “ufff, esta rider se me antoja muy dura y con una moto que tiene pinta de ser muy incómoda”. Me lo pensé un minuto (jajajaja) porque me gustan los retos y más si son sobre dos ruedas. Así que le dije: “venga vamosssss”. Y no me arrepiento lo más mínimo.

La Royal Enfield Interceptor 650: cómoda y manejable

La Royal Enfield Interceptor 650 es una moto que, con su aspecto retro de los años sesenta parece de lo más incómoda. Con ese asiento recto y tan fino delante piensas que hacer una ruta larga de 700 kilómetros el dolor en “donde la espalda pierde su nombre” va ser horrible. Pues noooo, por la posición del manillar y las estriberas hace que sea alucinantemente cómoda.

Es una moto que con sus 47 CV de potencia hizo que tuviera una ruta de lo más divertida, las carreteras que nos propuso la Rider este año eran en su mayoría enrevesadas y algunas bastante rotas pero con la Interceptor se convirtieron en muy divertidas porque es muy manejable y el paso por curvas se hace muy divertido; puedes ir en tercera prácticamente todos los tramos ya que responde muy muy bien, los neumáticos Pirelli que montan de serie  se calientan enseguida y en seco tienen un agarre sorprendente aunque en mojado es otra historia ya que tuvimos tramos con lluvia y eran inseguros para mí. Podría entrar en más temas de chasis, suspensión, frenos, etc. pero para eso los hay más expertos que yo. En definitiva, es una moto que no te deja indiferente y después de rodar unos 1.200 kilómetros con ella me he quedado con ganas de más.

En ruta

La Rider 1000, los que me conocen saben que no era muy amiga de este evento, me parecía una salvajada de kilómetros para realizar en un día poniendo a prueba todos los aspectos humanos como, por ejemplo, el cansancio y la concentración ya que tienes un tiempo límite para llegar a los puntos de control y si eres muy competitivo contigo mismo pues quieres llegar a todos y en el menos tiempo posible. Por eso decidimos hacer la 700, aunque me parecía exactamente lo mismo que la 1000. La 500 ya me parecía más acorde a lo que me gusta a mí, poder disfrutar del día, de la moto y de la compañía pero, bueno, nos liamos el trapo a la cabeza y fuimos a por la 700. 

Recogida de acreditaciones

El viernes llegamos a Manresa sobre las seis de la tarde para recoger las acreditaciones, con la bolsa correspondiente en la que nos entregaron entre lo que es el habitual pasaporte, brazalete, camiseta y demás, un botiquín muy “apañao” y un chaleco reflectante, ambos muy útiles a mi parecer.  Fue una tarde muy divertida como habréis podido ver en las fotos y videos que hemos ido publicando en Instagram: pudimos saludar a los colaboradores como son Bihr, GIVI, Galfer, etc. y cambiar impresiones, risas y alguna cervecita. No había mucha afluencia de moteros ya que desde la organización nos fueron avisando de que debíamos estar el menor tiempo posible en el recinto para poder tener una mejor prevención frente al Covid-19. Sobre las medidas tomadas al respecto, todo estaba muy bien organizado: mascarilla, distancia, gel de manos y pies y un recorrido para hacer las gestiones, todo muy correcto.

Sobre las 20 horas nos retiramos para ir a cenar y descansar porque que el sábado sería un día largo. Nuestra salida era a las 8:45 horas pero igualmente teníamos que madrugar.

Vamos, que nos vamos

El sábado nos levantamos a las seis de la mañana para poner rumbo a la aventura. Preparamos nuestras Royal’s y, emocionados, pusimos rumbo de nuevo a Manresa, concretamente al Pabellón Nou Congost que es donde se ubicaba la salida para todos los riders. Cuando llegamos sobre las ocho de la mañana nos dieron entrada por los carriles para salir directamente sin pararnos y, aunque teníamos hora de salida a las 8:45 como ya he comentado, nos pillaron en fuera de juego y tuvimos que parar justo al lado de la carpa donde sellaban los pasaportes para poder prepararnos y hacer eso que nos gusta tanto: ir informando de cada momento con nuestros videos “tan profesionales y rigurosos” y las fotillos del evento. Tomamos salida a las 8:30 horas y dentro de mí, corría una sensación de emoción y preocupación ya que justo en ese momento se puso a llover. Aunque teníamos previsto el día de lluvia hasta que no lo tienes encima no te preocupa tanto.  Pero ya estábamos en marcha y… qué son cuatro gotas… (je, je, je).

Nos dirigimos al primer punto de control (PC) en Sant Hilari Sacalm. En estos primeros 100 kilómetros fue donde nos mojamos un poco a la altura de Moià, pero estábamos tan emocionados que nos dio igual. Llegamos al PC y nos esperaban para sellarnos los pasaportes y como sería la tónica en todos los PC y PM fueron muy dinámicos, no te tenías ni que bajar ni de la moto si no te apetecía ya que ellos eran los que se acercaban a ti para sellarlos.

Continuamos hacia el PC 2 de Les Presses. Una vez nos pusimos rumbo allí empezó a lucir el sol y las carreteras elegidas para llegar son muy bonitas y divertidas y que decir de los paisajes que nos acompañaban. Cuando llegamos al PC2 nos sobró ya el chubasquero y empezamos a disfrutar más si cabe la Rider. Sellamos nuestros pasaportes y después del primer repostaje nos dirigimos camino del PC3.

El PC3 se situó en Cortsavi (Francia) y me encantó para llegar hasta allí. Nos quedaba por delante unos 150 kilómetros de curvas y más paisajes maravillosos. Las Royal Enfield Interceptor 650 fueron de lujo, nos divertimos a lo grande. Una vez llegamos al PC3 y después de 320 kilómetros, casi el 50% de la ruta, estábamos emocionados y con ganas de más. Además, con Ernest solo haces que reír por ese humor tan suyo, picamos unas chuches, sellamos nuestros pasaportes y a continuar.

El PC 4 volvió a ser en Les Presses pero esta vez bajamos por Camprodón y ¡qué bonito todo!… que maravilla de carreteras, curvas y más curvas, montañas, verde, te enamoras … cómo se disfruta. Llegamos de nuevo a Les Presses tras ocho horas y media, 420 kilómetros recorridos y yo pasando un pelín de frío por esas montañas pero encantada… Sellamos de nuevo nuestros pasaportes y por el camino ya nos habíamos encontrado cuatro puntos máster.

Seguimos hacia el PC5, Prats de Lluçanès, otro pueblecito encantador de nuestra geografía y para llegar hasta allí pasamos por una de las carreteras más rotas de toda la Rider 700. Sin embargo, con la Royal se me antojó hasta fácil… bueno va, no tanto (je, je). Llegamos sobre las 19 horas y en este punto ya llevábamos unas 10 horas en ruta y casi 500 kilómetros. El cansancio ya empezaba a asomar por mi cuerpo pero seguía emocionada por el ambiente y la ruta así que sellamos nuestros pasaportes y continuamos hacia el siguiente punto.

Entre el PC5 y el PC6 nos encontramos otro Punto Master (PM) que era casi de esperar por los PM anteriores que se encontraban en carreteras similares en este punto. Ya eran las 20 horas de la tarde, empezaba a anochecer y, la verdad sea dicha, a mi eso de hacer curvas por la noche no es lo que más me motiva, pero llegados a este punto teníamos que acabar lo empezado y pusimos rumbo a Castellar de N’Hug donde se encontraba el PC6 y llegamos media hora más tarde. Tras 12 horas y 550 kilómetros sellamos nuestros pasaportes. Yo empezaba a tener frío por lo que me puse el chubasquero para protegerme y poder continuar lo más cómoda posible.

El PC7 se encontraba en Montmajor a unos 150 kilómetros y 2:30 horas de camino aproximadamente. Durante este trayecto nos encontramos dos puntos masters más con los cuales habríamos pasado por los siete que había escondidos durante toda la Rider700. Si ya estábamos cansados, imaginaos cómo llegamos a Montmajor. Yo con frío y hambre; Ernest, como un campeón, algo mejor que yo pero a ninguno de los dos nos faltaba la sonrisa… bueno a mi un poquito (ji, ji) pero el saber que ya teníamos los 700 kilómetros y solo nos faltaban unos 45 para llegar al final, me vino el ánimo arriba… sobre todo por el apoyo incondicional de Ernest… qué grande eres.

Solo nos quedaba por delante un horita más que, después de todo, no era tanto y, aunque tenía los hombros entumecidos y un ligero dolor de cabeza, cuando vi asomar las luces del pabellón donde alzaba la meta, mi mente y mi cuerpo se relajaron y me invadió una gran alegría por haber conseguido llegar al final. 16 horas, 745 kilómetros de curvas y la satisfacción de haber compartido con Ernest otra Rider hizo que se me olvidaran las tres últimas horas de fatiga.

Aparcamos nuestras Royal Enfield, que se portaron genial y nos fuimos a sellar nuestros pasaportes. Emocionada recibí el pin, la pegatina máster y la de la Rider 1000. Tengo que reconocer que me hizo mucha ilusión.

Después de una semana escribo mi crónica. Estoy acostumbrada a rodar muchos kilómetros en cada salida que hago sobre LaPetitaXX; he llegado a hacer 1.000 kilómetros del tirón para llegar a mi destino pero por carreteras abiertas y fáciles pero nunca había hecho nada parecido a la Rider700 (lo más parecido, 550 kilómetros). Aunque cuando acabé mi pensamiento era de “no lo vuelvo a hacer”, reconozco que es una aventura que repetiré sin dudarlo.

Agradezco de nuevo a la revista MotoTaller por brindarme la oportunidad de compartir esta aventura probando la Royal Enfield Interceptor 650 y especialmente a Ernest por confiar en mi y darme su apoyo durante toda la ruta (y aguantar mi mal humor cuando tengo hambre, jajaja).

Mil gracias… V’sssss y Gasssss… Hasta la próxima.

Una crónica de Gloria Comino

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