La nueva Yamaha T-Max 560 evangeliza al descreído de Manel Kaizen

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Yamaha es consciente de su éxito y con la nueva T-Max 560, un vehículo mejor en todo, seguirá siendo el rey unos cuantos años más. En MotoTaller ya nos gustaba antes, así que hemos buscado un punto de vista diferente para realizar la prueba al referente de los megaescúteres deportivos. Por eso, se la hemos dejado probar a Manel Kaizen, un colaborador que tradicionalmente ha rodado siempre lejos de este tipo de vehículos, y así saber si un motero empedernido puede caer rendido a los encantos del que está considerado el mejor escúter del mercado. Todo empezó con una conversación telefónica entre nuestro director y Manel Kaizen…

(Conversación telefónica): señor director de MotoTaller, ¿qué pretende usted encargando una columna sobre el rey de los escúteres al tipo más ignorante en la materia?… Ajá, ajá… mmmh… Entiendo, soy el conejillo de indias de un experimento consistente en seducir a un motorista “ortodoxo” con una manzana de Adán llamada Yamaha T-Max (con el acabado “Tech Max” para que no le falte de nada, caballero)… Hablando en plata y resumiendo, el escúter con la mejor relación prestaciones-refinamiento del mercado. Y un precio a la altura de su categoría, añado para aguar la fiesta. Señor director, deme usted las llaves, o mejor dicho la llave inteligente, porque acepto el envite.

Ante todo, un vistazo estático: poco que añadir sobre un modelo que nació a la vez que el siglo XXI creando un nicho nuevo, el de los escúteres “vitaminados”. Acabados elegantes porque hay que seducir a una clientela exigente y probablemente solvente. El salpicadero es muy “automovilístico”, un guiño para los que no han mamado motos desde crío, me arriesgo a decir que la mayoría de los que se fijan en este modelo. Bajo el asiento hay un espacio portabultos tradicionalmente criticado por su limitada capacidad, pero como mi XT no tiene un miserable espacio ni que sea para guardar el mando del parking, a mí aquello me pareció una caverna.

Alehop, hora de montar. Por la falta de hábito, rayé una y otra vez el tremendo túnel central con mi bota. A falta de la típica plataforma de los escúteres urbanos, los pies pueden descansar en horizontal o estirados al estilo custom, pero sin margen para bailar mucho la suela. La botonera intimida, aunque después de un rato trasteando todo empieza a ser intuitivo. A este “cacharro” no le falta de nada: asientos y puños calefactables, pantalla regulable, llave inteligente, control de crucero…

Ya en marcha, un apunte obvio: el más deportivo de los escúteres sigue teniendo un motor de 47 caballos para 218 kilos de peso, es decir, las prestaciones son fulgurantes para este tipo de vehículos, pero descafeinados para quien venga de cualquier naked “modesta” de 70 caballos. No me malinterpretéis, hablo desde el punto de vista del neófito y no pretendo quitar méritos al T-Max, que por cierto es una alfombra voladora incluso bajo el tremendo aguacero con que arranqué. Todo es suavidad, y a causa de la meteorología adversa no jugué con los dos modos de entrega de potencia: nada de “sport”, directamente “touring” para tener una tarde sin sobresaltos.

Llegada la noche, afloraron dos “pegas”: las luces cortas iluminan de maravilla, pero las largas apuntan demasiado alto (se puede arreglar, supongo), y teniendo en cuenta la pasta que vale el T-Max, sería de recibo que la botonería estuviera retroiluminada.

No tuve tiempo ni suficientes kilómetros para acabar de hacerme a las inercias de este escúter; si vienes de las motos digamos “convencionales”, necesariamente has de pasar por un periodo de adaptación porque el centro de gravedad casi a ras de suelo y las ruedas de menor diámetro cortocircuitan tu “chip” mental, por mucho que el chasis y las suspensiones sean “de moto”.

Un par de días después, devolví el T-Max pensando que había sido una experiencia interesante, y que este modelo se adquiere con múltiples intenciones, desde el que necesita una herramienta solvente para la urbe hasta el que lo adquiere por su poder representativo. Y no faltarán los que, por limitaciones físicas o porque les dé la gana, devorarán kilómetros de rutas y pobre de quien no les devuelva el saludo en V porque a fin de cuentas el T-Max tiene dos ruedas, un manillar y un motor, y en invierno es un gustazo ir caliente como una croqueta con tanto gadget calorífico.

Cuando salté del asiento del T-Max y recuperé mi XT bicilíndrica, fue como pasar de una berlina alemana a una cosechadora.

Yamaha T-Max 560 “Tech Max”

  • Motor: Bicilíndrico en paralelo, 4 v, DOHC, 562 cc,
  • refr. líquida, iny. electrónica, Euro 5, ABS+TCS.
  • POT.: 47 CV
  • PAR: 55,7 Nm
  • DEP.: 15 l.
  • Peso: 220 Kg
  • PVP: 14.399 €

Lo mejor:

  • Refinamiento del motor 
  • Comportamiento dinámico 
  • Frenada potente 
  • Calidad visual y parte ciclo

Lo mejorable:

  • Precio elevado 
  • Multitud de costosas opciones 
  • Ausencia de pantalla a todo color 

Un artículo de:

Manel Kaizen
@manelkaizenhoysalgoenmoto.blogspot.com




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