Así vivimos la Crom Ride 2021

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No hay ninguna duda. La mejor manera de evadirse de la cotidianeidad del día a día es sobre la moto. Y si encima, te topas con uno de los recorridos más bonitos, exigentes y divertidos de las últimas ediciones de la Crom Ride, por unas horas, no existe nada más que la carretera, tu moto y el próximo punto de paso. El pasado 3 de julio tuvimos la suerte de poder participar en esta maravillosa ruta a lomos de dos pequeñas gran naked llamadas Benelli Leoncino 500 MY2021, una en su versión trail y otra convencional. Y decimos pequeñas gran naked porque estas dos relativamente sencillas motocicletas se comportaron a las mil maravillas y demostraron que por poco más de 6.000 euros puedes pasártelo en grande.

Acreditaciones y reencuentros
El equipo de MotoTaller, compuesto por Ernest Vinyals y Andreu Monteys, llegó el día anterior, el viernes 2, para recoger las acreditaciones y las pegatinas y poder visitar los diferentes stands presentes en el pabellón polideportivo Fontajau, en Girona. Allí, pudimos ver a algunos amigos de Galfer, Tecnimoto, Metzeler, Andreani MHS, Royal Enfield, los Bordoy y sus Macbor o Vector Note, entre algunos otros. Cabe destacar que pese al “caloret” que se sentía y vivía, el ambiente era espectacular y había un buen rollo generalizado. En la jornada preámbulo a la Crom Ride 2021 tocaba cenar ligero e ir a dormir pronto que al día siguiente tocaba madrugar y aguantar muchas horas sobre nuestros corceles ítalo-chinos.

Pistoletazo
Son las 6 y poco de la mañana y nos despertamos para desayunar algo y dirigirnos hacia el pabellón gerundense para poder salir junto a los otros 750 participantes de esta edición. Después de que uno de los dos integrantes del equipo tuviera que volver al hotel tras dejarse el pasaporte en la habitación (fue Andreu), ya lo teníamos todo para recibir el pistoletazo de salida de la mano de la gran y bella periodista Eli Carnicé. Por delante, más de 5.000 curvas y salimos en dirección El Port de la Selva.

CP1
Con ilusión y determinación afrontamos los primeros 120 km de curvas. En poco menos de las dos horas conseguimos llegar a la caseta donde recibir el primer sello en nuestro pasaporte. Sobre las 10 de la mañana conseguimos llegar a El Port de la Selva después de acometer unos primeros tramos de carreteritas siempre muy secundarias y, por suerte, con muy poco tráfico, ni de coches ni de ciclistas. El calor seguía respetándonos y justo antes de llegar al puesto de control pudimos disfrutar de las espectaculares vistas del litoral catalán. Todo un lujo.

CP2
Después de un pequeño parón hidratante, pusimos rumbo hacia el segundo punto de control en Camprodón. La Crom Ride nos “obligó” a pasar por lugares emblemáticos como Beget, Oix o Castellfollit de la Roca. Allí, atravesamos algunas carreteras alucinantes siempre con el mismo común denominador, carriles estrechos, curvas cerradas y paisajes verdes. Al llegar a la caseta del CP2 cumplíamos los 250 km de ruta y las 4 horas sobre las Leoncino. Aprovechamos en Camrpodón para comer algo y coger fuerzas antes de volver al asfalto.

CP3
Pusimos rumbo al norte, ya que el CP3 se ubicaba en Alp (la Cerdanya). En esta etapa pudimos recorrer una pequeña y escondida pista cementada, entre Ogassa y Bruguera pasando por la Coll de Jou que nos robó el corazón. Un camino estrecho en el que se debía ir poco a poco y que podríamos nombrar, sin temor a quedarnos cortos, como el tramo más bonito, sobrecogedor y emotivo de la ruta. Justo después, afrontamos los gloriosos 50 km de la Collada de Toses que todos conocemos. Al llegar al CP3 llevábamos 7 horas de moto y 350 km.

CP4
El siguiente punto de control, el CP4, se situaba en Ripoll, delante del monasterio de Santa Maria de Ripoll y considerado la cuna de Catalunya. Para llegar ahí tuvimos que descender del Coll de Merolla por la ratonera carretera de La Pobla de Lillet hasta Campdevànol. Queremos confirmar el brutal comportamiento dinámico de las Leoncino, dos motos perfectas para este tipo de carreteras que eran capaces de dejar atrás grandes maxitrails mucho más pesadas y torponas. 425 km, 9 horas y con ganas de más.

CP5
Con las posaderas inertes y alguna muestra de cansancio alcanzamos el CP5 de la Crom Ride 2021 tras 12 horas y casi 550 km. En esta penúltima etapa de casi 120 km nos topamos con un recorrido muy exigente, con curvas, curvas y más curvas, como las de la brutal carretera de Sant Sadurní d’Osormort o el Coll de Caubet y Coll de Canes. Ya faltaba muy poco para culminar…

La guinda
En esta última etapa de apenas 70 km, pudimos disfrutar de la carretera de Les Serres hasta llegar a Llorà, una auténtica guinda a una jornada redonda e inolvidable. Al fin y después de 13 horas y media de conducción y 620 km de moto, llegamos al punto de partida en el pabellón de Girona de Fontajau. Acabamos cansados, pero enormemente satisfechos. Solo nos queda dar nuestra más sincera enhorabuena a los organizadores, Crom Event, quienes hicieron posible esta mágica y perfecta jornada motera. Al final, nos esperaba una súper merecida cena, un par de cervezas y un cómodo colchón. Sin duda, ¡repetiremos!

Leones metálicos – Benelli Leoncino 500

El veredicto después de realizar la Crom Ride 2021 a lomos de las Leoncino 500 no podía haber sido más positivo. Keeway-Benelli España nos cedió una Leoncino “estándar” y otra Trail en su versión 2021 y Euro5. Sin grandes diferencias respecto al modelo del año pasado, pudimos percibir un poco más de empuje, algo que tal y como nos confirmaron desde la marca se debe a unas relaciones de la transmisión algo más cortas. En cualquier caso, la potencia situada justo en el límite del carnet A2 nos pareció sobrada para realizar este tipo de carreteras estrechas y reviradas. El bicilíndrico se mostró dulce, progresivo y con un más que aceptable par para salir en segunda y a bajas vueltas de las curvas más lentas con un más que respetable brío.

Sin embargo, lo mejor de estas dos divertidísimas motos se debe a dos factores clave: una parte ciclo extremadamente y sorprendentemente efectiva y un liviano peso cercano a los 170kg. Estos dos leones se comportaron a las mil maravillas en todo tipo de carreteras, desde las más ratoneras y reviradas hasta otras más rápidas. Su voluntarioso propulsor solo quedaba eclipsado por la brutal agilidad exhibida y por un doble disco delantero infatigable. Por cierto, el disco trasero también nos pareció muy efectivo. A lo largo de las más de 13 horas de recorrido, frenamos muy fuerte innumerables veces y en todas y cada una de esas detenciones, las Leoncino no hicieron el mínimo aviso de desfallecer.

Visualmente, ya se puede apreciar una horquilla delantera contundente, pero en marcha, el resultado fue aún mejor. Las Leoncino se desenvolvieron en su hábitat natural con mucha soltura y nos brindaron una enorme precisión en cada curva. Después de haber llevado al límite estas dos bicilíndricas, podemos afirmar que no se necesita mucho más para disfrutar como auténticos enanos. De hecho, muchas maxitrails de renombre y triplemente más caras tenían serios problemas para mantener el tipo cuando se acercaban las curvas. Sabíamos que iban bien estas Benelli, pero nos volvieron a sorprender y dejaron un sabor de boca realmente dulce y placentero.




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