Clásicas On Road: nostalgia en positivo

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La localidad madrileña de Pelayos de la Presa acogió el pasado sábado 19 de junio Clásicas On Road, un evento organizado por Moto Clásicas 80 que congregó a un buen número de amantes de las motos clásicas comprendidas entre los años setenta y finales de los ochenta. El encuentro fue todo un éxito por el destacado número de asistentes, por el buen ambiente reinante y por la buena climatología que acampañó toda la jornada que culminó con una cena al aire libre amenizada con un concierto musical en el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias.

MotoTaller tuvo una participación activa en Clásicas On Road, Ernest Vinyals, acompañado por el piloto de resistencia de clásicas y colaborador de nuestra revista Joan “Gongar” se presentaron con sendas Benelli Imperiale 400 (la marca de Pesaro fue patrocinadora del evento). A continuación, la crónica de Ernest Vinyals del Clásicas On Road:

El viaje desde Barcelona

Viernes 18 de junio, 8:00 horas de la mañana. Joan Gongar, nuestro compañero de ruta y encargado de cedernos las motos clásicas para el evento, y yo cogimos las Benelli Imperiale 400 que Benelli España puso a nuestra disposición y emprendimos un viaje (casi una aventura teniendo en cuenta las velocidades, los pocos lujos y comodidades de esta moto neoclásica) hacia Pelayos de la Presa, provincia de Madrid, pero muy muy cerca de Ávila. Allí nos esperaba la organización de Clásicas On Road, un evento novedoso y pensado para reunir propietarios de motos clásicas fabricadas en las décadas de los setenta, ochenta y noventa. Este año se celebró la primera edición en un momento en el que las clásicas está en auge por lo que la expectación fue máxima.

Nuestras clásicas (bueno, de @gongarest, en realidad) elegidas para participar en este evento organizado por el portal MotosClásicasOnRoad fueron una preciosa y exclusiva Ducati Pantah 600 de 1983 y una elegante Benelli 500L tetracilíndrica de 1979. Gongar escogió la Benelli para sintonizar aún más con el ambiente del evento, copatrocinado por Benelli con motivo del 110º aniversario de la marca fundada por Teresa Benelli en Pesaro (Italia).

Después de un viaje titánico, luchando contra los elementos con las Imperiale de sólo 21 CV y ​​esquivando tormentas, llegamos a Pelayos de la Presa donde el ambiente ya respiraba olor de gasolina con plomo para atender el briefing que nos explicó el plan del día siguiente, recoger la documentación y el pack de bienvenida y empezar a saludar amigos del mundo de las clásicas, una afición en la que la amistad y las buenas vibraciones son aún más intensas que en el ya de por sí amigable mundo la moto.

Al llegar a este pueblo madrileño en la orilla del embalse de San Juan, nuestras clásicas, con las que al día siguiente teníamos que seguir la ruta preparada por la organización, nos estaban ya esperando, perfectas y listas. Quisimos asegurarnos de que estaban en perfecto estado de funcionamiento (con las clásicas, nunca se sabe del todo si uno podrá salir en moto cuando quiere, sino más bien cuando quieren ellas …). El resultado de la revisión: todo perfecto, ambas se pusieron en marcha a la primera sin problemas. ¡Primera prueba, superada!

De ruta por la meseta central

Al día siguiente madrugamos para poder estar en la salida del evento con todo preparado: teníamos los dorsales 16 y 17, por lo que fuimos de los primeros en tomar la salida. La caravana la abrió nuestro amigo Quique Arenas de Motoviajeros, precisamente a lomos de una de las Benelli Imperiale que nosotros mismos habíamos llevado hasta Pelayos de la Presa desde Barcelona.

La ruta consistió en unos 150 kilómetros por el sur de la Comunidad de Madrid y el este de la de Ávila y en los puntos de control, en lugar de tener que sellar un pasaporte como suele ser habitual, hacíamos una foto que enviábamos por mensajería al móvil de la organización certificando nuestro paso por los controles. Pudimos disfrutar del maravilloso entorno de aquella parte de la Meseta y gracias a una climatología ideal, no pasamos demasiado calor y no nos llovió… ¡Perfecto!

Saliendo de Pelayos de la Presa, circulamos hacia el oeste y luego hacia el norte en dirección a Cebreros, que fue el primer punto de paso y donde nos teníamos que hacer una foto con el cartel de la entrada del pueblo. Desde allí, seguimos hacia el norte. En El Hoyo de Pinares tuvimos que buscar el ayuntamiento y hacernos una foto con las motos delante. Allí aprovechamos el tiempo para hacer un café que se alargó un poco más de la cuenta charlando de motos clásicas con la gente del pueblo .

Desde allí, cubrimos el tramo más largo hacia el norte y luego hacia el este en dirección a Peguerinos y allí buscamos el mirador del embalse de La Aceña donde nos hicimos unas fotos y coincidimos con un buen número de participantes. Entre las motos inscritas había un poco de todo, desde joyas japonesas de los años noventa como las Honda RC30, Yamaha FZR600 o Suzuki GSX-R 750, hasta reliquias de nuestra historia motociclística como alguna Bultaco Matador o una Montesa Brío, motos europeas más populares como la BMW R1100RT o la R100GS o rarezas como una Yamaha TW o, sin duda una de las estrellas del encuentro, la Benelli 750 Sei, única moto de seis cilindros de la marca y un auténtico unicornio. Pocas motos se han atrevido en la historia a montar motores de seis cilindros; Benelli tuvo la audacia de hacerlo.

De Peguerinos nos dirigimos hacia San Lorenzo de El Escorial. El monasterio es todo un símbolo para España y en este caso nosotros quisimos fotografiarlo desde una perspectiva un poco diferente a la habitual. Quizá por eso o tal vez porque con las clásicas no se llega a saber nunca si acabarás la ruta en condiciones, la Pantah tuvo una pataleta y se detuvo sin poder arrancar de nuevo: se había quedado sin gasolina, seguramente porque se nos quedó con el grifo del paso de gasolina abierto y había ido perdiendo combustible en alguna de las paradas (¡no olvidemos que son clásicas!). Por suerte, muy cerca de allí encontramos una gasolinera y además la Benelli aún funcionaba, así que uno de nosotros fue a buscar un poco de gasolina para poder volver a dar vida a la de Borgo Panigale. Con esta incidencia perdimos una hora a pleno sol.

El calor ya apretaba y por eso nuestra visita a la Silla de Felipe II fue rápida y por trabajo. Subimos a pie hasta donde el monarca borbónico visualizaba su reino y así cumplimos con el quinto control fotográfico.

Retrocediendo en el camino, recuperamos la carretera M512 para ir en dirección sur-suroeste y llegar a Robledo de Chavela donde nos teníamos que hacer la foto con las motos ante el ayuntamiento … pero era día de mercado, así que causamos sensación entrando con la Benelli y la Ducati entre los puestos de fruta y de ropa interior.

Como el café, las fotos, los posts de Instagram y el episodio de la gasolina nos habían retrasado mucho, durante el resto de la ruta fuimos a la idea para llegar a la comida en el restaurante de la Ramona, la Casona (¡no sabemos si era “pechugona” como decía la canción … pero todo rimaba!).

Después de este paseo de casi 3 horitas y algo menos de 150 kilómetros de moto, la ruta llegó a su fin, ¡pero no así el programa que nos quedaba por vivir de ClásicasOnRoad!

Tarde en “La Caseta”

La tarde tuvo muchas actividades en el espacio central del evento, “La Caseta” del centro turístico Sierra Oeste de Madrid, por ejemplo, una charla sobre seguridad en carretera realizada por IMU (International Motorcyclist Union) o el espectáculo de las clásicas de competición que llevaron al evento Paco Rico con una Suxuki RG500 2 tiempos de 1983 o Evelio Tejero con su espectacular Ducati 851 participante en el nacional de clásicas. Evelio puso en marcha esta Ducati ante los atónitos espectadores que disfrutaron como niños pequeños con el ruido y el temblor que emitía por los escapes esta bestia de carreras …

El colofón a este evento fue la barbacoa multitudinaria que la organización había previsto para cenar en un entorno incomparable y único: el monasterio de Santa María La Real de Valdeiglesias, escasamente a 300 metros de La Caseta, donde un espectacular y “carnívoro” catering del mismo restaurante la Casona ayudó a los participantes a resarcirnos de la dura jornada. La música no podía faltar y corrió a cargo del grupo Instituto Capilar Corleone, que propuso un repertorio de música española de los años ochenta y noventa muy entretenida, no necesariamente popular pero bastante entretenida.

El viaje de vuelta

Al día siguiente, y con la experiencia del viaje de ida del viernes, decidimos volver desde Pelayos de la Presa sólo por carreteras secundarias y fue un gran acierto porque en estas vías más complicadas en las que la velocidad media es más baja, las Benelli Imperiale fueron grandes compañeras de ruta (¡aunque el dolor de culo no nos lo ahorramos de ninguna manera!). Las clásicas de Gongar volvieron tranquilas, reposadas y bien cuidadas en el transporte que la organización había previsto. Ya tenemos ganas de volver al ClásicasOnRoad de 2022, que seguramente se organizará en Catalunya, cerca del Montseny. ¡Larga vida a las clásicas!

La Clásicas On Road 2021 ya tiene video oficial. Aquí os lo dejamos: