“Tiempos modernos y revueltos”: laEdito MotoTaller Nº311

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Negligente sería no reconocer que los tiempos que nos ha tocado vivir son complejos, en sentido absoluto. No basta con decir que tal cosa o tal otra se ha complicado sin que las colindantes no se hayan visto afectadas: las dificultades afloran por doquier y se transmiten en cadena allí donde se nos ocurra poner la vista. Se acelera el pulso de todo gracias a o por culpa de un entorno cambiante, inestable y volátil que nos impide hacer planes más allá de lo que pueda pasar no ya el próximo mes, sino la próxima semana o pasado mañana, literalmente.

Con este panorama, la incertidumbre es el único valor que podemos dar por cierto, lo cual no deja de ser una paradoja, un oxímoron. Convenimos cuando hablamos informalmente que es desde que la pandemia arrambló con todo y se instaló en nuestras vidas sin haberla invitado a quedarse que todo (literalmente, toda actividad humana o natural) está tomando un cariz desesperante e inesperado.

Lo que no se podía imaginar la pandemia (o los que según los conspiranoicos montaron todo el tinglao) era que la resiliencia del ser humano para salir adelante a pesar de las circunstancias adversas es muy grande y que, pese a que todo parecía desmoronarse a nuestro alrededor, aquí estamos, nosotros y tú, querido lector. Así que con el optimismo por bandera no hay quien nos gane, porque ser de los que ven el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, atrae positividad y eso, aunque pueda parecer un argumento algo naif, también ayuda con la facturación a fin de mes.

“Conservar el control cuando estás al límite es lo que marca la diferencia.”

Freddie Spencer

Es por eso que puestos a escoger, nosotros escogemos ver el futuro con buenas ganas, seguros de que las cosas no pueden sino mejorar. Es evidente que no basta con vestirse de verde esperanza y como si eso ya nos garantizara el éxito, sentarse a esperar los resultados; hay que salir a buscarlos, con todo el duro trabajo, el derroche de sagacidad y la inversión de creatividad que ello implica. Pero que la suerte sonríe a los que creen, eso se demuestra cada día.

Así que arrancamos de nuevo el curso motivados, con ganas, con fuerza y con muchos ánimos, que ni la guerra de Ucrania ni los tipos de interés ni la inflación ni los precios ni siquiera la emergencia climática ni la sequía consigan hacer mella en nuestras ganas de salir adelante. El último cuatrimestre del año es siempre un periodo muy intenso en el que en lo personal decimos adiós a un caluroso verano para adentrarnos en las largas noches y los fríos días, pero incluso para poder disfrutar de la primavera, es necesario vivir y sufrir el invierno, porque nunca salieron buenos inventos de la comodidad y el sosiego.

Así que aprovecha, querido lector, este otoño que empieza, porque nadie más que uno mismo es dueño de sus actos tanto como de sus inacciones, esas que pasado el tiempo nos hacen arrepentirnos de lo que dejamos por hacer más que de lo hecho.

¡Gas y V’s!



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