Suzuki Burgman 400 y 650 Executive: Prueba

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Burgman es sin duda un nombre de referencia dentro del segmento de los maxi-scooters. Nacidas con un marcado carácter ejecutivo, el paso del tiempo y los modelos de la competencia han provocado que en las últimas versiones se implementen nuevas tecnologías, aportando un plus de confort, funcionalidad e incluso deportividad a la gama más ciudadana de Suzuki.

A primera vista resalta una carrocería con líneas más estilizadas que ayudan a reducir el aspecto voluminoso que realmente tiene este modelo. Tanto la 400 como la 650 Executive se benefician de una estética más actual y, no diremos deportiva, pero sí que transmite una gran sensación de agilidad. La ubicación de los retrovisores pasa del manillar a la propia carrocería en la 650 e integrando también los intermitentes en el cuerpo de los mismos.

Todo ello sin dejar de lado el confort y la funcionalidad, ofreciendo holgada cabida a dos cascos integrales y dejando espacio para otros objetos pequeños como un traje de agua, una pequeña mochila de documentos, uno o dos pares de guantes y/o unas gafas de sol. A cofre vacío, bien pueden salvarnos de un apuro incluso para ir a hacer la compra de la semana. Y si éste fuera escaso, en el contra-escudo dispondremos de más huecos porta-objetos para rematar la faena.

REDUCIENDO LAS DISTANCIAS

Cuando nos acercamos es cuando realmente empezamos a ver las diferencias más importantes. La ubicación del depósito de gasolina es más accesible en la 650, situada en el lateral izquierdo bajo la óptica trasera. Una vez sentados, el control de la cúpula motorizada, así como el interruptor del asiento calefactable intentan competir por la atención con la completa botonera del manillar izquierdo, formada por los controles para activar o desactivar el modo de cambio (D para ciudad o M para control manual), un tercer mapa de cambio llamado POWER que ofrece mayor rango de revoluciones por marcha, mayor retención del motor y también control manual de las relaciones de cambio.

Éstas serán controladas por sendos selectores ubicados también en la misma botonera. Además, en la misma encontraremos el control de los puños calefactables y un último botón que  actuará cerrando los retrovisores auto-abatibles para disfrutar de una ligera ventaja al lidiar con las vicisitudes del tráfico diario. En el apartado de confort, remata la faena el respaldo para el acompañante integrado en la propia carrocería.

La Burgman 400, mantiene un nivel de confort muy similar, sacarificando el respaldo y ubicando los retrovisores en una posición más tradicional que no representan mayor anchura de carrocería. El hueco bajo el asiento es de dimensiones prácticamente idénticas al de su hermana mayor y la cúpula, aun no siendo regulable, anuncia una buena protección aerodinámica.

El asiento de ambas incorpora un pequeño respaldo para el conductor que ofrece varias posiciones a lo largo del eje longitudinal del scooter. Recoge muy bien a nivel sacro-coxígeo y se agradecerá su presencia y la posibilidad de ajuste cuando haya que pedirle prestaciones serias a las Burgman.

EN MOVIMIENTO

Arrancamos ambas motos y lo primero que observamos es que para haber tan sólo 20 kg de diferencia entre una y otra, la de menor cilindrada es más difícil de maniobrar “en parado”. Incluso para bajarla del caballete central hay que esforzarse más con la 400 que con la 650. Sorprende que en proporción, sea más “pesada” la pequeña que la grande. La postura de conducción es idéntica en ambas, salvo la altura de la plataforma, que parece más alta en la 400, llevando en ella las piernas algo más dobladas. No obstante, la comodidad no se ve comprometida por este hecho.

Durante los primeros metros ambas se muestran bondadosas, dóciles y ágiles por igual. Las diferencias de maniobrabilidad en parado desaparecen en cuanto empezamos a rodar, y pocos minutos después nos entendemos perfectamente con ellas. La 400 acelera a las mil maravillas, sorprendiendo incluso tras la experiencia inicial. Capaz de alcanzar los 120 Km/h sin carraspear y manteniéndolos con una facilidad y aplomo pasmosos. La estabilidad está ahí en todo momento, esto es innegable.

La Executive, cubicando 250cc más respecto a la pequeña de la prueba, no ofrece a priori unas diferencias notables en cuanto a comportamiento y prestaciones. Sí que se nota algo más de reprís (si no fuera así, algo estarían haciendo mal en Suzuki), pero en proporción no es tan superior como cabría esperar.

Sin embargo esos botoncitos amarillos, y el gris, que es aún más tentador, nos dan la respuesta a nuestras preguntas. Al cambiar de modo D a modo M la 650 adquiere un comportamiento más ágil y el poder controlar la relación de cambio permite sacarle mejor partido al motor. Empiezan a verse claras diferencias pero todavía estamos en ciudad y las limitaciones son evidentes. Aun así, flirteamos con el modo “POWER” y somos sorprendidos por un aumento drástico del freno motor, al tiempo que ponemos a prueba la efectividad de los frenos de la 400, que venía detrás y aprueba con nota el “control sorpresa”.

Jugamos levemente con el puño de gas entre semáforo y semáforo y, lo que antes era freno motor ahora tiene más pinta de ser un caballo desbocado. Deseosos de llegar a carretera, volvemos al modo D y disfrutamos de la comodidad y manejabilidad que estos Maxi-Scooters ofrecen en ciudad.

EN CARRETERA

Dejamos atrás los edificios, los semáforos y los pasos de cebra, al tiempo que vamos viendo gradualmente como el asfalto queda más vacío a nuestro alrededor. Una vez en carretera abierta podemos activar el modo Power y… ¡Ahora sí se nota ese cuarto de litro de más!

Sin llegar a ser comparables, el comportamiento de la 650 se asemeja mucho al de una moto con relación de cambios cerrada. La entrada en curva goza de una seguridad y control infinitamente mayores al de la conducción scooter convencional, y la salida de éstas es mucho más aprovechable gracias a la contundente respuesta del motor en éste modo de conducción.

La 400 la sigue de cerca sin demasiadas complicaciones aunque la falta de retención obliga a ir más fino y la aceleración más gradual la coloca por detrás en cuanto a recuperaciones, resultando imposible seguir el ritmo de la 650. No obstante, juega un gran papel y estamos totalmente convencidos de que nadie lo cuestionará. La estabilidad y el aplomo que ambas ofrecen son soberbios. Del mismo modo que lo es la protección aerodinámica, que también lo será frente a la lluvia.

Combinar estos últimos aspectos en el mismo vehículo del que estamos elogiando una muy buena respuesta de motor, un alto grado de confort y hueco para objetos o equipaje, gran nivel de equipamiento y una fiabilidad contrastada, es una tarea nada sencilla. Sin embargo en Suzuki lo han vuelto a lograr, y sin necesidad de accesorios ni modificaciones. Versatilidad, potencia, eficiencia, seguridad y satisfacción incluidas en el equipamiento de serie. ¡Y con un precio razonable!

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