Sobriedad hecha virtud

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Podríamos definir la Honda CB500F como el dulce encanto de la sencillez. Esta sobria montura no hace mal absolutamente nada. A su vez, su mayor defecto es quizás el de no sobresalir especialmente en nada. Sonará a algo totalmente subjetivo, pero lo cierto es que este producto de Honda transmite practicidad, eficiencia, fiabilidad y facilidad de uso. Sin más. En cambio, le falta un punto de pasión, alguna característica que se salte la norma, una rima disonante que denote pasión. Que sea más humana, vamos. Y ojo, que lograr ese equilibrio total no es para nada fácil: en Honda llevan toda la vida buscando ese nirvana total…

Recientemente actualizada a principios de 2019, la CB500F recibió leves mejoras estéticas tales como una nueva óptica frontal con una careta algo más rasgada, nuevas combinaciones de colores y otros cambios menores en la carrocería. El nuevo tablero de instrumentación, sin embargo, sí que ha supuesto una notable evolución respecto a su antecesor gracias a su reformulado diseño con fondo oscuro, mucha información y mejor visibilidad. Todo ello ha contribuido a actualizar la estética de esta Honda sin suponer ninguna revolución. De nuevo, esta moto es relativamente bonita, aunque si se compara con la nueva y espectacular gama naked Neo Sports Café de la propia Honda, no tiene nada que hacer para conquistar el corazón de los moteros más sensibles…

El motor es la gran joya de esta moto por el nivel de eficiencia, discreción y suavidad alcanzada. Actualizado levemente en esta versión de la CB500F ha recibido leves mejoras técnicas con las que la marca asegura que se ha ganado en pegada a medio régimen (cuesta decirlo si no es en un banco de potencia). El propulsor es bicilíndrico, por lo que sobre el papel debería ofrecer unos bajos y medios razonables que aportan comodidad y facilidad a la conducción, sobre todo, a ritmos normales. A la práctica, es un motor sin demasiada salsa, al que un poco más de garra le hubiera venido de cine. Eso sí, los aspectos en los que este propulsor triunfa claramente son su alto refinamiento junto a su irrisorio consumo. Según datos de fábrica, esta moto tiene una autonomía de 450 km declarados con un solo depósito, más que muchas motos de aventura con depósitos el doble de grandes. Nosotros, en conducción urbana e interurbana y a “ritmo MotoTaller” le hicimos más de 300 km, es decir, que fácilmente con una conducción relajada nos podríamos acercar mucho al valor anunciado por Honda.

Los frenos ofrecen tacto y funcionamiento correctos, aunque al imprimir un mayor ritmo o circular a dúo se echa en falta un segundo disco delantero y, desde luego, algo más de mordiente. Por suerte, Honda ha decidido incorporar el embrague anti-rebote, un elemento que siempre se agradece al practicar una conducción deportiva o sobre suelos deslizantes. Un aspecto a mejorar sería el de la imposibilidad de regular ni la maneta del embrague ni la del freno. En una moto de esta categoría se extraña un detalle tan elemental. Su potencia es la máxima permitida para el carnet A2, es decir 35 kW o 47 CV, un dato que refleja como Honda concibe esta moto para dar un primer salto al mundo de las cilindradas mayores. Para la CB500F, el enemigo duerme en su propia casa: para los que buscan más polivalencia por un precio muy similar (6.700 €) encontramos la CB500X, una montura que cuenta con una posición de conducción más relajada y natural, el mismo reputado motor, igualmente fabricada en Tailandia como la F, y que a la postre ofrece más protección aerodinámica, además de tratar mejor al pasajero.

 

Lo mejor
• Motor eficiente y eficaz
• Calidad de acabados
• Fiabilidad mecánica y constructiva

 

Lo peor
• Manetas no regulables
• Precio ligeramente alto
• Motor con poca garra

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