Ruta 601: contra los elementos

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La segunda edición de la Ruta 601 Barcelona somete a sus casi 540 participantes y sus máquinas a una dura prueba bajo una intensa y prolongada lluvia y un frío inusual para esta época del año. De hecho, las previsiones meteorológicas hicieron desistir a última hora a casi un 30% de los inscritos. Aún así, hubo fiesta y disfrute de la moto al por mayor.
Durante toda la semana anterior a la celebración de la segunda edición de la Ruta 601 Barcelona, organizada por RallyClassics, los hombres y mujeres del tiempo parecían inusualmente estar de acuerdo en que ese fin de semana, el del 27 de octubre, iba a ser invernal en otoño. Y las previsiones se cumplieron a pies juntillas, damos fe de ello. Ya el viernes previo a la ruta, durante la recogida de acreditaciones y el briefing de la ruta al que asistimos en el Ace Café Barcelona, pudimos comprobar que el dios Meteoro no iba a quedarse de brazos cruzados mientras disfrutábamos de los 600 km de ruta por la provincia de Barcelona que la organización nos había preparado. Así fue como nuestra primera participación directa en la Ruta 601 sería también un baño total de moto, en sentido figurado y literal. No obstante, el agua y las bajas temperaturas no empañaron en absoluto la jornada, al contrario: le dieron un toque épico, de lucha contra los elementos que los moteros en cierta forma ya buscamos…

La lluvia, protagonista indiscutible
Empezó la jornada del sábado, obviamente lluviosa, con la salida de los participantes desde el Ace Café a razón de 4 por minuto, empezando a las 6:30h de la mañana. Ya en el parque cerrado, la lluvia hizo acto de presencia y de hecho no dejaría de acompañarnos durante todo nuestro trayecto en mayor o menor medida. El recorrido de la Ruta 601 se componía de 6 puntos de control, de los que conocíamos previamente las coordenadas GPS, y además dos controles sorpresa ubicados en la ruta que la organización proponía como más interesante para cubrir el recorrido completo.
Así fue como sobre las 8:30h de la mañana salimos con nuestra Triumph Tiger Sport 1050, apodada “Trini”, rumbo al primer control, en la montaña de Montserrat. La climatología hizo que muchos participantes se quedaran en casa en el último momento, por lo que finalmente pudimos salir un poco antes de la hora que teníamos inicialmente prevista. Unos minutos extra que más adelante nos serían imprescindibles para llegar a los últimos controles justo antes de que cerraran…
El primer tramo de la ruta fue por vías rápidas hasta llegar a Monistrol de Montserrat, donde empezó la diversión subiendo a la montaña sagrada por la carretera del cremallera, revirada y con unas vistas sobrecogedoras. Una vez en el monasterio, el track de la ruta previsto por la organización nos llevó al Coll del Bruc, donde tuvimos ya la primera e imprescindible parada en la urbanización Montserrat Parc, en la que nos esperaba un pequeño refrigerio.
De allí seguimos por otro tramo rápido por la C-37 y la C-25 hasta llegar al complejo del Món Sant Benet, en Navarcles, un antiguo monasterio convertido hoy en lugar de culto… gastronómico y de bienestar en el que sellamos nuestra segunda pegatina en el pasaporte. Sin que la lluvia dejara de acompañarnos, alcanzamos el primer centenar de kilómetros mientras pasábamos por el delicioso pueblo medieval de Talamanca, para desviarnos poco después por una pista asfaltada y una carretera clásica para moteros y ciclistas hasta Monistrol de Calders, Calders y Artés, cerrando este pequeño bucle por el Bages.
Un rápido tramo de enlace nos llevó hasta las Valls de Torroella, donde nos desviamos por una pista asfaltada de delicioso entorno y algunas carreteras de tercer orden hasta Salo, Matamargó y Freixinet. Fueron tramos bastante sucios a causa de las constantes lluvias, que descalzaron caminos y taludes llenando la carretera de pequeñas trampas de tierra… Poco después de rebasar el pueblo de Linyà, encontramos el primer control sorpresa de la ruta cerca del Pantà de Sant Ponç, ya en la provincia de Lleida. El buenrollismo y la despreocupación reinaban entre el colectivo motero, a pesar de la complicada situación ambiental… Y es que ese es seguramente uno de los puntos fuertes de la Ruta 601: que desprende facilidad y diversión frente a otros eventos mototurísticos más complejos o que requieren mayor nivel de conducción. Aunque, todo sea dicho, con la lluvia tuvimos que emplearnos a fondo para no bajar la guardia ni perder la concentración a medida que pasaron los kilómetros y los litros de agua… Suerte que los Michelin Road 5 que monta nuestra Trini actualmente son unos excelentes tragones del líquido elemento y nos ofrecieron máxima seguridad, agarre y confianza durante todo el trayecto.
Saliendo del control de Sant Ponç, nuestra Trini reclamaba su primera dosis de jugo de dinosaurio, pero aún quedaban más de 50 km hasta llegar a la próxima gasolinera, en el punto de control de Sant Llorenç de Morunys, donde ibamos también a comer. Así que el tramo de la reverencial carretera del Pantà de la Llosa del Cavall lo hicimos con el culillo apretado esperando llegar al siguiente control sin tener que llamar a una grúa. Finalmente, Trini se comportó bebiendo lo justo hasta que ganamos el restaurante Bon Dia, a los pies de la Serra de Bastets y tras atravesar la impresionante Vall de Lord.

Una parada que vale por dos
En Sant Llorenç de Morunys tanto Trini como un servidor nos resarcimos gracias a la ingesta de combustible, gasolina de 95 octanos por un lado, sublime guiso de rabo de toro y excelente ternera con setas por otro. La organización de la Ruta 601 ofrecía la opción a los participantes de disfrutar de avituallamientos, incluida comida y cena, cosa que no dejamos escapar…
Para vencer la pesada losa del cansancio tras la comida, nada mejor que una buena dosis de curvas por carreteras estrechas y rurales de montaña, y todo bajo la lluvia y un intenso frío. Subimos bordeando la estación de esquí de Port del Comte hacia La Coma, Tuixent, Josa de Cadí, Gósol, Saldes hasta ganar Guardiola de Berguedà. Este tramo fue probablemente de los más entretenidos y pintorescos de la ruta, porque aún pudimos disfrutarlo con “luz de día”, debidamente filtrada por las espesas nubes de lluvia, claro. Llegando a La Pobla de Lillet, pasamos el 5º punto de control y empezaría el tramo de carretera de mayor altitud, lo que se tradujo en un recrudecimiento del frío con temperaturas que se acercaban peligrosamente a los 0 °C al pasar por las fuentes del río Llobregat en Castellar de n’Hug. Desde esta emblemática población, conocida por su concurso internacional de perros pastor con más de medio siglo de historia, enfilamos por una pista asfaltada (que nos costó un poco de encontrar, dicho sea de paso) hacia Montgrony, a los pies de la sierra homónima. Un recorrido precioso y romántico en el que la organización situó el segundo control secreto, puesto que era muy tentador olvidarse de ese pequeño rodeo hasta Castellar de N’Hug y seguir directamente en dirección a Gombrèn. Antes de llegar ahí, siguiendo de vuelta la enrevesada GI-402 como si volviéramos a La Pobla de Lillet, y, tomando más adelante una pista asfaltada a la izquierda, hacia el escondido rincón de Sant Jaume de Frontanyà, alcanzamos Borredà y desde ahí, enfilamos hacia Ripoll para cubrir una de las carreteras más populares y concurridas por los moteros del país, la de Les Llosses, testimonio de un emblemático tramo del Rallye Catalunya. En Ripoll, la cuna de Catalunya, en el mismísimo templo de Sant Pere, junto al monasterio benedictino del siglo XI, tuvimos el control número 7, amenizado con una oportunísima coca de sucre y acompañado por fuet, curiosa combinación que engullimos de buena gana, dado el tirón que llevábamos en el cuerpo. Aproximadamente 390 km y casi ya 10 horas sobre la moto…

Enlaces rápidos
Con la omnipresente lluvia obligándonos a un extra de concentración que mermaba nuestras fuerzas al pasar de los kilómetros, ahora agradecimos especialmente unos 75 km rápidos, por autovía y carretera nacional, pasando por Collsuspina, Moià y Sant Feliu de Codines, donde tuvimos el privilegio de resguardarnos de la lluvia (que no paró de caer) en el mismísimo ayuntamiento que el propio alcalde abrió para la Ruta 601 y en el que degustamos chocolate caliente con melindros… Pero llegamos a Sant Feliu al umbral de las 21:00h y el control cerró justo tras poner nuestra pegatina en el pasaporte, quedando algunos pobres infelices ruteros que llegaron después fuera del sellado. Y aún nos quedarían unos 55 km hasta el siguiente y último control, en Rellinars, pasando por las sinuosos recodos de Gallifa, Sant Llorenç Savall, Castellar del Vallès y Terrassa. Aproximadamente 1:10h de recorrido, otrora delicioso y exultante, que se nos hizo largo y tedioso por las ganas ya de alcanzar la meta y nuestra merecida cena en el Ace Café. Sellado el pasaporte frente al ayuntamiento en el pueblo de Jordi Tarrés, de Rellinars nos dirigimos hasta Castellbell i el Vilar donde ya recuperamos la C-55 y, de ahí, hasta Abrera a buscar la autovía que nos había de devolver a Barcelona.
Llegados al lugar de origen, del que habíamos salido 13 horas y media antes y con 594 km más a nuestras espaldas, culos y neumáticos, dimos por acabada la Ruta 601 Barcelona. Un evento bien organizado por RallyClassics, con buena participación, con un recorrido variado y no excesivamente exigente, si no hubiera sido por la cantidad de agua que tuvimos que sortear durante toda la jornada. Aunque ya sabemos qué nos pasa a los moteros: cuando llegamos a la meta, estamos maldiciendo habernos inscrito; pero a la semana siguiente ya deseamos que llegue de nuevo la cita del año siguiente… ¡Así que nos vemos en 2019!

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