Royal Enfield Continental GT: “Encanto retro”

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La marca indo-británica actualiza levemente el que consideramos uno de los modelos más interesantes de su catálogo tanto por imagen como por funcionamiento. El lanzamiento de las Twins (Interceptor 650 y Continental GT) marcó un punto de inflexión para Royal Enfield en su plan para convertirse en un destacado actor en el segmento de motocicletas de media cilindrada a nivel mundial. Y la verdad es que lo bordaron con unos productos muy bien construidos que capturaban la esencia de una marca que en este 2021 cumple exactamente 120 años de historia a sus espaldas.

Atemporal
Estéticamente hablando, la Interceptor 650 se presenta como una deliciosa motocicleta que apuesta por evocar aquellas scramblers de antaño que tanto nos gustaban. En Royal Enfield han conseguido mezclar esa imagen atemporal con el punto justo de modernidad, es decir, ofreciendo una parte ciclo resolutiva y una mecánica dulce y fiable. Las pocas novedades que estrena a nivel de imagen residen en que ahora las llantas y guardabarros son negros, los retrovisores son de nuevo diseño e incorporan fuelles de horquilla delantera de dudoso efecto estético. Por lo demás, sigue siendo una moto estilizada, repleta de pequeños detalles que enamoran como su doble escape, los amortiguadores traseros estilo “piggy back” o su bonito asiento. Nos gustan también el doble reloj analógico que forma un cuadro de instrumentos simple (faltaría reloj horario) o su escultural depósito. Además, Royal Enfield ha acompañado este bonito tributo a la historia del motociclismo con vistosas combinaciones de colores, como esta Sunset Strip en rojo y negro, nueva de esta temporada, que ponen la guinda a un sabroso pastel. 

Euro5
Como viene siendo habitual en todos los modelos que probamos recientemente, la gran novedad para 2021 es la actualización del propulsor. Debido a que el bicilíndrico que monta la Interceptor 650 fue diseñado casi desde cero para este modelo, los ingenieros no han tenido demasiados problemas en adaptar esta mecánica con cigüeñal calado a 270° y refrigerado por aire y aceite a la normativa Euro5. Sinceramente, no hemos sido capaces de apreciar diferencias ni en la forma de entregar la potencia ni en refinamiento respecto al modelo anterior, algo que per se no es malo. Los 47 CV del twin son muy aprovechables en todo el rango de revoluciones. La entrega del par se consigue desde bastante abajo y eso permite circular por carreteras de curvas sin necesidad de abusar de un suave y preciso cambio de marchas. A todo ello, hay que sumar un maravilloso petardeo que te mete catárticamente en el papel y hace que disfrutes de la carretera. Así de simple.

Ritmo alegre
La Interceptor se percibe robusta. No en vano, la báscula acredita 217 kg, una cifra que roza un leve sobrepeso que, en movimiento, no se percibe. Se nota el buen hacer de Harris Performance para afinar muy bien un chasis asociado a unas suspensiones que cumplen. Esta Royal no es ninguna deportiva, pero acepta de buen grado un estilo de conducción alegre y un buen tramo de curvas. Con cada viraje que dejemos atrás, iremos cogiendo más confianza y aumentando el ritmo hasta que tanto las suspensiones como los estribos nos empiecen a parar los pies. El tarado de las suspensiones apuesta por el confort, pero no se incomoda demasiado al circular a ritmos alegres. Quizás, el aspecto menos positivo que debemos destacar de todo el conjunto es su sistema de frenado. El único disco delantero en el tren delantero hace un correcto trabajo hasta que la fatiga por el sobresfuerzo empieza a restar efectividad. Es cierto que no es algo flagrante y se puede solucionar recurriendo a componentes aftermarket, pero sí algo a tener en cuenta al apostar por ella.



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