Rodibook 2022. La crónica de Manel Kaizen

Comentarios
1

Con esta, ya van once ediciones de una Rodibook que no paró ni siquiera en aquel infausto y pandémico 2020. Decir que un evento cumple once años puede parecer una efeméride cercana en el tiempo, pero su director, Jordi Esteve, parece tener una reserva inagotable de motivación dado el coste anímico que tiene comandar un evento donde muchas cosas pueden fallar.

Este año hubo 1.200 participantes, y una significativa parte de la inscripción se destinará a ocho asociaciones culturales, sociales y medioambientales de la región, ligando aún más el destino de la Rodibook con el Pirineo.

Hay otra novedad singular que rompe un dogma para adaptarse a los nuevos tiempos: aunque el “Roadbook” en formato papel sigue siendo santo y seña, la organización llegó a un acuerdo con la aplicación de móvil Rally System para incorporar tracks personalizados, el mismo sistema que se utiliza en el rallye Dakar. Una cuarta parte de los participantes se decantaron por este formato.

Una vuelta al formato “clásico”

Es de justicia reivindicar un evento no competitivo que, en aquel lejano 2012, propuso darle una vuelta al formato “clásico” de las concentraciones moteras proponiendo una ruta de ultraresistencia, modalidad casi inédita que en los últimos años ha sido clonada hasta la saciedad. No contentos con ello, desdoblaron el recorrido, a elegir entre asfalto y off road. El detalle definitivo de originalidad fue la cuestión de orientarse a la vieja usanza, esto es con un Roadbook de papel enrollado. Un guiño a la “vieja escuela” que sedujo a los 700 motoristas que participaron en aquella primera edición con salida simultánea desde 10 centros Rodi repartidos por toda Catalunya.

A partir de la segunda edición, en 2013, se adoptó la salida centralizada en un único punto, concretamente en Vielha, localidad que desde entonces ha acogido todas las ediciones de la Rodibook. Durante todo este tiempo, Esteve y su equipo de voluntarios han ido puliendo el evento hasta convertirlo en una máquina perfectamente engrasada que este año colgó el “no hay entradas” media hora después de la apertura de inscripciones. La edición de 2022 vuelve a contar con tres recorridos a escoger: On Road “Pro” (unos 700 kilómetros), On Road “rookie & clásicas” (con recorrido algo recortado), y Off Road (350 kilómetros, con veto expreso a las motos de enduro). El recorrido no se revela hasta el día antes de la prueba, y de hecho, nadie te dice por dónde vas a ir, lo vas descubriendo conforme sigues los “tracks”.

En esa edición, una predicción del tiempo lluviosa amenazó con “aguar” la fiesta (dicho esto desde la retranca, pues buena falta nos hace que caiga agua a cubos). En todo caso, la lluvia se limitó a los primeros compases de la mañana y algún que otro conato de chaparrón nunca lo suficientemente grave como para sacar el chubasquero.

La ruta On Road “Pro”

El que os escribe se apuntó a la ruta On Road “Pro”, ya que un par de años atrás había cubierto la Off Road. La víspera de la salida, un miembro de la organización nos dijo en voz baja que “este año se nos ha ido la olla”, y efectivamente, el recorrido fue tan maravilloso como exigente. Es muy importante tener esos dos adjetivos muy presentes, ya que si no tienes la exigencia suficientemente entrenada, es posible que acabes teniendo un maravilloso agobio. Para ilustraros el tema con un ejemplo, mi compañero e instructor de orientación “sobre papel” Albert Comellas necesitó la friolera de 17 horas para completar la ruta. Bien es cierto que Albert es un tipo tranquilo, pero tiene la constancia rutera de un metrónomo, por lo que de manera recurrente nos veíamos adelantados por la misma panda de “quemadillos” que iban a saco pensando que alguien les cronometraba, y luego paraban cada media hora para hacer un pitillo y comentar la jugada. Esta es quizás la mayor crítica que puedo hacer en este tipo de eventos multitudinarios: centenares de motos deambulando cada una a su ritmo por los mismos caminos o las mismas carreteras, y que haya cazurros empeñados en jugarse la integridad suya y del adelantado para no interrumpir sus ganas de correr. Son pocos, pero en cada evento hay ovejas negras de este tipo.

Los participantes reciben una baliza GPS personalizada para poder seguirles a distancia, así como también una bolsa picnic para ser autosuficientes. Ya finalizado el día, una cena multitudinaria nos reúne bajo la misma carpa donde está instalado el pódium en el que los “finishers” van desfilando uno a uno conforme llegan. Curiosamente, entre los 1.200 inscritos sólo había 13 mujeres, un apabullante desajuste que no se corresponde con la realidad porcentual de moteras en la carretera. Conclusión rápida: a las mujeres no les atraen los eventos de ultrarresistencia.

Es de justicia destacar la profesionalidad y amabilidad de los 80 “chalecos amarillos”, ejército de voluntarios que nunca perdían la sonrisa ni la paciencia ante las atribuladas torpezas de los participantes: ¿Dónde está mi bolsa de almuerzo? ¿Cómo se enchufa el GPS? ¿Hay un lavabo por aquí? Un diez para todos ellos, son parte del éxito de la Rodibook.

Visto el éxito, parece ser que queda Rodibook para rato: el Pirineo, en todo su esplendor y sin fronteras políticas, pone el mejor escenario, y una organización experimentada se encarga del resto. Desde hoy ya están trabajando en la edición 2023: cuando llegue el momento, apresúrate para inscribirte si quieres estar entre los elegidos.

UNA CRÓNICA DE MANEL KAIZEN (@manelkaizen / hoysalgoenmoto.blogspot.com)

También te puede interesar: