Rodibook 2020: La crónica de Toni Trotacaminos

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Edición atípica, la de este año, de la Rodibook, pero la ruta se ha desarrollado con seguridad y los moteros han podido volver a disfrutar de la carretera y la montaña, con limitaciones pero con toda la seguridad y la ilusión.

A las experiencias comentadas por nuestro enviado especial, Manel Kaizen, y todos los datos sobre la ruta, añadimos hoy a la crónica de esta Rodibook las aventuras de nuestro compañero Toni Trotacaminos. Piloto de una Suzuki V-Strom 650 llamada Babieca, con casi 400.000 kilómetros a sus espaldas, de ruta por el mundo, este año ha sido su cuarta Rodi. Así nos la explica:

Esta es mi cuarta Rodi y la segunda de mi señora, Toñi Bella, quien, como copiloto activa, se ha asegurado de que apenas nos perdamos en la ruta. Un buen porcentaje del recorrido ya me es conocido. Lo he disfrutado cuatro veces en distintos momentos de mi vida motera.

La ruta nos llevó por el norte de Huesca, nos condujo por Ribagorza, Sobrarbe, Alto Gállego y Jacetania. Un paisaje apabullante, muy variado, desde el Parque Natural de la Sierra de Guara, con sus formaciones rocosas y sus cañones, pasando por Jacetania con bosques, llanuras y monumentos como San Juan de la Peña, donde muchos de los participantes aprovechamos su recinto habilitado para hacer el picnic y reponer fuerzas. En esta comarca llegamos al pueblo de Aisa. Es la zona más ubicada al norte a la que llegamos, para ir bajando hacia Jaca, pasar por ella, todo muy bien indicado en el Roadbook, y hacer algo extraño para evitar la tediosa autovía, para llegar a Sabiñánigo y cruzarlo fugazmente. Pasamos al Alto Gállego hasta el bonito pueblo de Biescas. Después, por la N-260, cruzamos el puerto del Cotefablo para llegar al Alto Gállego, en Broto. En esta zona, el paisaje es espectacular. Uno de los pocos sitios en los que pude disfrutar de un pilotaje relajado, a buen ritmo.

Los que hemos rodado mucho por esta provincia, sabemos que saliendo de las carreteras principales, las demás dejan muchísimo que desear por su casi inexistente mantenimiento e incluso nulo. Esto se traduce en carreteras llenas de agujeros con un firme muy irregular y con bastante grava suelta. Si uno realiza un tramo de estas características, se lo toma con bastante calma y disfruta del entorno, pero la cosa cambia bastante cuando una gran parte de la ruta está en estas condiciones. En este caso, el rutero solo quiere avanzar para que los kilómetros pasen y poder llegar a buena hora. Cuando afirmo que una gran parte de la ruta está en estas condiciones, no puedo asegurar el porcentaje, pero eran muchos kilómetros.

Pilotar en este tipo de carreteras se traduce en mucha tensión. Necesitas mucha concentración para averiguar dónde estará el siguiente agujero o si a la entrada de la curva tendrás gravilla suelta o una deformación en el asfalto que haga rebotar tu moto. Mucha tensión y poco disfrute del pilotaje y del entorno, porque lo que quieres es llegar y no conducir en ese estado de noche.

Así pues, una pega: la organización podría haber evitado estos tramos en tan mal estado, o ir alternando con otros en estado más regular, para poder ir más seguros y disfrutar con más relax. No obstante, le doy un 10/10 a estos organizadores que tan excelentes medidas han tomado para que podamos disfrutar de esta ruta con normalidad. El picnic ha sido todo un acierto para evitar aglomeraciones y dar fluidez a los participantes.

¡Por cierto, mi Babieca tiene en estos momentos ni más ni menos que 376.000 kilómetros!

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