RIP POR EL CICLOMOTOR

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Raymond Blancafort

En Anesdor afirman que 2010 será recordado como el año para el ciclomotor. Soy más pesimista que el gremio. 2010 es para mí el año en el que “murió” el ciclomotor, por más que se hayan vendido 34.187 unidades de estos vehículos, un 22% menos que el pasado año, mientras que en 2003 la cifra alcanzó las 175.000 unidades. Hay que remontarse a 1992 para encontrar una cifra más baja. Toda una serie de decisiones se han confabulado en contra de estos pequeños pero prácticos vehículos y de paso contra una buena parte de la industria nacional de las dos ruedas, a la que habría que proteger en lugar de hundir.

El endurecimiento de los requisitos para obtener la licencia, el precio galopante de los seguros, la prohibición de llevar pasajero, y sobre todo la reciente elevación a 15 años de la edad mínima para conducirlos (cuando a los 16 ya se puede llevar una 125) tienen buena parte de culpa. También, aunque sea marginal, la famosa ‘convalidación’ del carnet B para poder conducir motos de hasta 125 cc que hizo que este tipo de clientes se pasaran a la categoría superior.

Todas estas medidas se han tomado oficialmente en aras de la seguridad, echando mano más de los prejuicios que de las estadísticas. Los accidentes mortales sobre dos ruedas han descendido de forma drástica: de los 391 ocupantes de ciclomotor fallecidos en accidente durante 2003 se ha pasado a 156 en 2009, un 60% menos y las cifras de 2010 apuntan a un descenso: en carretera, los 73 accidentes mortales de ciclomor de 2009 se redujeron a 44 en 2010.

Todo ello nos lleva a sospechar que la medida es un brindis al sol, una forma de ‘salvar’ la cara penalizando a un colectivo que no emprenderá las protestas masivas de los ‘motards’ o que podrían emprender los automovilistas con medidas de este tipo. Y siempre subyace en el fondo la tan cacareada asignatura de Seguridad Vial que ni se imparte ni se impartirá como tal ni se toca a fondo en la Educación para la Ciudadanía. Esta asignatura de una parte y ciclomotores capaces de alcanzar los 60 km/h –velocidad mucho más realista para circular por el flujo de tráfico- serían más eficaces –incluso desde el punto de vista social al menos fuera de las grandes ciudades- que la prohibición pura y dura. Pero esto no es “políticamente correcto”.
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