Riders on Road 2019, la crónica de Mar Gómez

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Participamos en la Riders on Road, la ruta de 600 por Asturies, te lo explicábamos hace unos días. Lo hizo nuestro director, Ernest Vinyals, con la compañera Mar Gómez (@espinete31). Ahora te dejamos la crónica completísima de Mar por tierras astur:

Lo dije el año pasado y lo vuelvo a repetir. Para conocer el Paraíso Natural en moto, nada como participar en la Riders on Road, desafío mototurístico organizado por Moto Sport Ángel con el apoyo de firmas como Larsson, Motul, Rodamoto o RDC Rodicar Grupo, el cual discurre por las carreteras más emblemáticas de Asturias y provincias limítrofes.

Hoy por hoy, podemos decir que se ha convertido en una de las actividades estrella del Gijón Motoweekend, pues reunió a nada más y nada menos que 280 participantes durante los días 7 y 8 de junio. Además, esta edición ha contado con novedades que han hecho más atractivo el evento: la inscripción por equipos, la elección de la ruta (600 km o 300 km) y la posibilidad de rodar con road leader.

Este año he tenido el privilegio de contar con la compañía de Ernest, director de nuestra revista favorita, así que ya os podéis imaginar las risas y, por supuesto, las fotos con su cabeza siempre delante, sello personal de MotoTaller en las redes (no olvidéis seguirnos en Facebook e Instagram para comprobarlo, ja, ja).

Dos intrépidos pilotos con diferentes monturas, quizá no tan imponentes como las del resto de participantes, pero os aseguro que 100% divertidas. Ernest participó con la Benelli Leoncino 500 solidaria, con la que recorrió 2900 km (equivalentes a 291 € donados a la Fundación Aladina a favor de la lucha contra el cáncer infantil), y vuestra corresponsal favorita con una Zontes T-310, cedida por Moto Sport Ángel, la cual disfrutó al máximo (a partir de aquí, queridos lectores, olvidaos de los clichés sobre las motos chinas).

Respecto a la indumentaria, Ernest llevaba chaqueta RST Adventure III y casco Scorpion Sports EXO-R1 Air. En cuanto a mi equipación, casco LS2 FF323 Arrow C Evo Replica Loris Baz y conjunto Seventy Degrees de chaqueta (SD-JT36) y pantalón (SD-PT1) de cordura.

Sena nos cedió un cargador portátil para manillar PowerPro Mount con batería de 10 000 mAh incorporada, el cual nos sirvió de gran ayuda para llevar los mapas en el móvil, así como una cámara 10C Pro con intercomunicador para el casco y una Prism para grabar todo nuestro recorrido.

Con un trazado distinto al de la primera edición, resaltando el paso por los concejos de Villayón, Allande, Ibias y Cangas del Narcea, y las condiciones meteorológicas propias de la región, comenzamos la aventura:

 

Primer tramo: Gijón – Canero

Tras los primeros 43 km de enlace por autopista hasta Soto del Barco, nos dirigimos hacia Cornellana pasando antes por Pravia (AS-16). Desde Cornellana fuimos de nuevo hacia la costa por la N-634, recorriendo el tortuoso tramo de La Espina (primer punto de control sorpresa) a Canero (primer punto de control oficial). En esta etapa recorrimos un total de 110 km.

El comportamiento de la Zontes me sorprendió bastante. Es una moto ágil, confortable y fácil de manejar. Por autovía, la moto iba cómoda a 120 km/h y más. Ya me habían avisado de que la moto era divertida, pero no empecé a darme cuenta de ello hasta que rodamos por las curvas de La Espina, carretera que presenta un firme algo desgastado justo en las zonas complicadas. La suspensión delantera genera confianza en los obstáculos, dando sensación de estabilidad en todo momento, y la moto me iba pidiendo cada vez más y más.

Por cierto, si pasáis por La Espina no dudéis en parar a comer un pincho de chosco en Casa El Candano, junto a la rotonda que hay a la salida del pueblo yendo en dirección Tineo. Queda fuera de ruta, pero os dejo el paréntesis por si algún día se os presenta la situación. El mototurismo está de moda, pero la motogastronomía es mucho mejor.

 

Segundo tramo: Canero – Cangas del Narcea

El enlace de Canero a Polavieja lo realizamos por la autopista, pues así lo marcaba el mapa de ruta, y de ahí fuimos a Villayón. A partir de Villayón empezaba lo bueno. El trayecto hasta Grandas de Salime (AS-364 y AS-14), municipio donde encontramos el segundo punto de control secreto, y posteriormente a San Antolín de Ibias (AS-28 y LU-P-3601) es realmente bonito.

No obstante, lo mejor de este tramo fue el paso por una de mis carreteras preferidas, la cual merece un párrafo exclusivo para ella sola: el Pozo de las Mujeres Muertas (AS-29). Alegría y diversión durante 48 km, bordeando el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias hasta llegar a Cangas del Narcea, donde nos esperaba el siguiente punto de control oficial y el puesto de avituallamiento en el ayuntamiento (nos dieron empanada de atún, el tradicional bollu preñáu y Red Bull para recargar las pilas).

La Zontes demostró que no hace falta tener una moto de grandes prestaciones para pelear en trazados serpenteantes. El hecho de llegar al corte de inyección tan pronto me obligaba a cambiar a menudo, cosa que acostumbro a hacer pues mi estilo de conducción se basa en jugar con las marchas y aprovechar el freno motor, y la pequeña “moto china” con su motor monocilíndrico de 34,8 CV se pasó el tramo entero pidiendo paso a motos más potentes de marcas más aclamadas por el público.

En esta etapa recorrimos 210 km, así que en total llevábamos unos 320 km. Entre las horas de conducción y las paradas de rigor, ya habían pasado 6 h 30 min y todavía nos quedaba la otra mitad del recorrido.

 

Tercer tramo: Cangas del Narcea – Puerto de Pajares

De Cangas del Narcea fuimos a Villablino atravesando el puerto de Leitariegos (AS- 213 y LE-497). Seguimos hasta La Magdalena y allí tomamos el desvío hacia Barrios de Luna. En Mirantes de Luna encontramos otro punto de control secreto y, tras sellar el pasaporte, continuamos rodando por la carretera que bordea el embalse de Luna (CL-626), una de las más frecuentadas por los moteros leoneses.

Continuamos hasta Pola de Gordón por el puerto de Aralla (LE-437) y enlazamos con la cara leonesa de la más favorita de mis carreteras: el puerto de Pajares (N- 630). La temperatura cambió bruscamente y la niebla acechaba según bajábamos la vertiente asturiana, pero daba igual. El puerto de Pajares es fuente de felicidad para cualquier motero y, además, las vistas del Parque Natural de Las Ubiñas – La Mesa son espectaculares.

Qué maravilla bajar Pajares con la Zontes. Lo digo en serio y lo comparto con vosotros: la moto es divertida a más no poder. La sensación de seguridad, estabilidad y agarre (llevaba neumáticos mixtos CST C6017) fue sensacional. Y, teniendo en cuenta que no fui capaz de encontrar diferencias entre el modo ECO y el Sport, el cual entra automáticamente tras superar las 7000 rpm, el consumo es increíble (3,5 l/100 km). Los 15 l que entran en el depósito dan para mucho. De hecho, era Ernest quien marcaba las paradas de repostaje.

Paramos en El Ruchu a tomar algo y sellar los pasaportes en el último punto de control oficial. La gente se paraba a preguntarme sobre la moto. La verdad es que la altura y el manillar le confieren apariencia de moto de mayor cilindrada. Su diseño cuidado al detalle, agresivo y con el típico “pico de pato” en el frontal, hace que parezca una trail verdadera, aunque su hábitat sea el asfalto.

Como solo faltaban 100 km para llegar a Gijón y un punto de control secreto por encontrar, nos enfundamos el casco y continuamos la ruta.

 

Cuarto tramo: Puerto de Pajares – Gijón

El enlace desde Campomanes hasta Pola de Siero lo realizamos por autovía, según las indicaciones oficiales, y de ahí tomamos un desvío que nos llevó hasta Villaviciosa, donde encontramos el último punto de control secreto, por la AS-267.

Por último, nos dirigimos a Gijón por la N-634. La lluvia nos acompañó durante este último tramo y mis neumáticos no respondían igual que en seco, pero lo disfrutamos igual. El final se acercaba y, sinceramente, nos lo estábamos pasando tan bien que nos daba pena acabar la ruta. El último punto de sellado oficial estaba en la meta, donde nos sacaron varias fotos tras concluir la prueba con el pasaporte sellado al completo.

Finalmente, completamos los 600 km en 11 h 30 min contando las paradas. Nos tomábamos nuestro tiempo cada vez que nos bajábamos de la moto, todo hay que decirlo, así que no lo toméis como tiempo estándar si tenéis pensado participar en próximas ediciones.

Nada más que añadir. Una ruta fabulosa por carreteras espectaculares, explorando lugares con mucho encanto y siempre con una compañía magnífica. Todo lo que os cuente está muy bien, pero sin duda hay que venir y vivirlo en persona. La moto, más de lo mismo. Hay que probarla para opinar y os aseguro que la Zontes T310 ha sido una gran compañera de viaje. La única pega se la pongo a la frenada (altamente mejorable, sobre todo en caso de frenada de emergencia).

Como siempre, un placer volver a ver y compartir anécdotas con toda la gente de Moto Sport Ángel y Larsson España. Así mismo, quisiera mencionar al Motoclub Asturias por su gran labor organizativa durante el desarrollo de la ruta. Y es que cuando la pasión por las motos se junta con un gran equipo humano, solo pueden suceder cosas buenas. Y la Riders on Road es un gran ejemplo de ello.

Por último, querido lector, a ti que me hiciste caso el año pasado y participaste en esta edición, espero que hayas disfrutado al máximo y repitas el año que viene. Para todos aquellos que aún no han tenido la oportunidad de vivir este magnífico evento, os animo a venir y disfrutar de Asturias de una forma diferente. No os arrepentiréis, estoy segura.

¡Nos vemos en la Riders on Road 2020!

 

 

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