Perseguidos y exprimidos, pero vivos

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Vaya por delante que no nos mola nada eso de ir de mártires, que ya cansa la misma historia publicada y republicada en todos los medios especializados y que el victimismo no es en absoluto productivo. Lamentarse no lleva sino a deprimirse y cuando uno lo hace colectivamente es todo un sector el que le escucha.

Pero hoy en Facebook leemos una noticia que no por consabida deja de sorprendernos. Pegasus, el radar de velocidad recién estrenado por la DGT que funciona dentro de un helicóptero y que persigue a los infractores desde las alturas, ha sido cinco veces más productivo en un mes de funcionamiento que todos los otros sistemas de radares de velocidad. En la nota de prensa, se destaca la infracción cometida por un carbonilla riojano al que le echaron la foto a 206 km/h en una carretera limitada a 100. Al margen de la brutalidad de la infracción, lo que ya casi no es ni noticiable es que de entre los centenares de infracciones que ha filmado el caballo alado de la Guardia Civil, hayan escogido precisamente la de un motorista para protagonizar la nota de prensa. Eso es porque los moteros somos gente muy popular a la que nos encanta salir retratados en todas partes… Será eso.

Y hablando un poco de todo, nos viene a la mente una reflexión al hilo de la presentación de la Honda CB 500 que encontraréis en este mismo número. Los chicos del ala dorada, entre orgullosos y preocupados, nos comunican un dato que da que pensar: solo el 20% de los usuarios de moto con carné A2 perseveran lo suficiente para sacarse el A. Su moto será siempre como máximo una de 35 kW. El afianzamiento del nuevo segmento en el mercado está claro cuando el 76% de las motos que se han matriculado en 2012 son para el permiso A2. Sacarse el A (el de moto gorda) es carísimo, difícil y para pasar la prueba teórica obliga a invertir 9 horas lectivas (casi dos jornadas de trabajo completas). El lado positivo del tema es que con la cantidad de parados que hay en España, hay más gente con tiempo para invertirlo en el carné. Seguro que el riojano tenía prisa por llegar al trabajo. Si hubiera estado en paro y se hubiera comprado una moto de 35 kW, la broma le habría salido por un pico menos…

Bueno, basta de hablar de cosas tristes, que venimos de MotoMadrid con las pilas cargadas y con ganas de que las cosas vayan arreglándose poquito a poco. Lo cierto es que la feria madrileña no estuvo nada mal. Consiguió reunir a una gran parte del sector de la moto (con stand o por el pasillo), lo cual ya es un éxito. Sin que dejen de haber ferias comerciales para que los concesionarios intenten vender sus stocks, sería hora ya de que resucitara una buena feria sectorial dedicada a la moto como habíamos tenido en Barcelona o en Madrid. A lo mejor, justamente en momentos difíciles es cuando hay que lanzar el órdago. ¿O no?

¡Gas y V’s!

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