Las baterías de Nerva son solidarias

Comentarios
0

Nerva, que acaba de recibir un certificado de aplicación de economía circular emitido por la Tecnun Universidad de Navarra, ha nacido con una misión muy clara: formar parte del cambio. Para ello, no sólo apuesta por la movilidad sostenible como camino ineludible, sino que va más allá y fija su mirada en unos proyectos y objetivos que hablan de desarrollo, igualdad y derechos fundamentales. Así, da una segunda vida a sus baterías de la mano de la FUNDACIÓN EKI.

Nerva quiere marcar la diferencia y reducir las desigualdades para intentar eliminarlas por completo. A través de su primer modelo, el maxi scooter eléctrico EXE, y de la mano de BYD y de la FUNDACIÓN EKI, ofrece la posibilidad de dar un primer e importante paso hacia una sociedad más justa.

EXE equipa un par de baterías de litio ferrofosfato fabricadas por BYD, que aportan durabilidad y seguridad al vehículo y minimizan el impacto medioambiental. Éstas pueden cambiarse a los cinco años, un cambio con el que su historia continúa hacia un viaje capaz de transformar vidas. Por su composición, las baterías LFP son mucho más duraderas. Y, al igual que las ruedas de nuestro vehículo se gastarán al usarlas, la autonomía de las baterías para el uso en automoción también habrá disminuido, pero seguirán siendo útiles como parte de sistemas de almacenamiento de energía, que permiten recoger energía renovable y utilizarla cuando se desee o requiera.

En total, se necesitan tres Nerva EXE para poder ensamblar uno de estos sistemas, que son destinados a proporcionar energía en proyectos fotovoltaicos llevados a cabo por la FUNDACIÓN EKI en países en desarrollo. Como parte de este emocionante camino, Nerva, a través del número de serie de estas baterías, permite al usuario acceder a información sobre la ubicación de las mismas y el proyecto del que forman parte. Así, podrás poner nombre y apellidos a ese granito de arena que tanto significará para comunidades enteras.

Conoce la FUNDACIÓN EKI
Surge en 2017 gracias a la iniciativa de los accionistas de Solarpack, empresa dedicada al desarrollo, construcción y operación de proyectos solares fotovoltaicos de tamaño industrial. Y lo hace con un objetivo claro: “aportar en la erradicación de la pobreza extrema en el mundo, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 de Naciones Unidas”. Una aportación que pasa por el aprovechamiento de la energía del sol para generar electricidad. La Fundación EKI, que trabaja mayoritariamente en África Central, se focaliza sobre todo en proyectos en escuelas y centros de salud que no cuentan con suministro estable y sostenible de electricidad.



También te puede interesar: