LA PENÚLTIMA BAJA

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El estado de crisis perpetua que nos ha tocado vivir durante los últimos años se ha convertido en un crenta guerra de supervivencia contra las políticas globales y locales.

Los encorbatados de turno no han hecho más que meter el dedo en la dolorosa llaga una y otra vez, sin el menor atisbo de pudor o remordimiento; ellos dictan la ley que más les conviene y punto.

Pero el caso es que con tanta batalla, con tanta lucha desesperada, las bajas han sido numerosas y en muchos casos costosísimas y profundamente dolorosas.

La penúltima acaba de anunciarse. Suzuki dejará de fabricar en España y se convertirá en una comercial más. La fábrica de Porceyo pasará a mejor vida o quizás se reconvertirá, como hizo la planta de Yamaha en Palau, para otros menesteres; en cualquier caso la sombra de la marca japonesa pasará a ser sólo un recuerdo.

Hemos dicho la penúltima y no ha sido por casualidad. Al ritmo que va esta maldita crisis y gracias al talento y hnestidad de nuestro políticos, seguro que en breve no tardaremos en tener noticias de otro abandono, de otra caída.

¿Qué haremos entonces? ¿Abandonar? ¡Jamás!

Llevamos muchos años al pie del cañón, hemos escrito páginas y páginas de la historia de esta industria, de esta pasión, para ahora dejar que todo se desvanezca. Seguiremos en pie luchando, trabjando con más ahinco y redoblando los esfuerzos por llevar adelante un concepto, un modo de ver la vida que nadie puede ningunear.

La moto es mucho más que todo eso, es más que un negocio, más que una industria, más un puesto de trabajo, una afición o un deporte; es lo que nosotros mismos hemos llegado a ser en todos estos años.

Así que probablemente Suzuki no será nuestra última baja, puede que ya nada vuelva a ser igual que antes de este profundo bache, pero tendrá una continuidad. Son muchos los pequeños talleres, grandes concesionarios, importadores, distribuidores, marcas… todo un colectivo que se resiste a desaparecer.

Mañana seguiremos aquí y pasado también y el año que viene porque siempre habrá quien recoja el testigo y a mayor o menor escala mantenga viva la llama.

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