Harley-Davidson LiveWire: ‘Concorde’ silencioso

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Debemos reconocer que antes de probar esta LiveWire sentíamos una cierta mezcla de emoción, incertidumbre y prejuicios. Su rompedora estética se aleja de todo lo que conocíamos previamente de la marca, cosa que no es mala per se, especialmente si debe escenificar la entrada al universo de las eléctricas. Siendo un tema tan subjetivo como el gusto, a nosotros la LiveWire nos parece una motocicleta muy atractiva que, además, demuestra de todo lo que es capaz una marca que siempre ha sido tan tradicional y relativamente poco innovadora.

Desde el primer momento en el que te enfrentas a esta musculosa motocicleta, sabes que estás ante algo muy especial. Se percibe una altísima calidad en todos sus materiales, así como una gran robustez. El motor, ubicado en el piso de la motocicleta, ofrece una estética al estilo turbina que da buenas pistas del nivel de prestaciones que podremos experimentar. El cuadro de mandos y botonería de la que podríamos considerar la primera naked de la firma de Milwaukee ofrecen una mezcla de estilos con pulsadores de toda la vida combinados con una pantalla táctil que nos permitirá modificar una infinidad de parámetros de la moto. Cerrando el apartado de apreciaciones estéticas, creemos que la óptica delantera carenada es toda una delicia.

Supersónica

Pero bueno, vayamos al meollo de la cuestión. ¿Cómo va? Simplificando la respuesta diremos que como un auténtico avión. Una vez insertas la “marcha”, el motor emite una ligera vibración indicándote que todo está listo para despegar. Su modo de conducción Eco es rápido, pero su modo más deportivo es absolutamente radical. Harley-Davidson ha podido poner unos imanes tan grandes como ha querido para conseguir un poderosísimo propulsor capaz de catapultarte hacia el futuro con una virulencia insólita.

A nivel de ingeniería y de prestaciones, estamos ante un misil que no deja de empujar con fuerza hasta acercarse a los límites de criminalidad determinados por la DGT. Acompañando el omnipotente conjunto propulsor nos topamos con una parte ciclo de primerísimo nivel con suspensiones totalmente regulables a nuestro gusto y un equipo de frenos muy contundente y fácil de dosificar. Nos ha parecido intachable el comportamiento en curva y ofrece una puesta a punto que podría estar al nivel de los mejores fabricantes europeos o japoneses.

Dependiendo del modo escogido, al desenroscar el puño el motor retendrá y ayudará a estirar su escasa autonomía. Anuncia unos 150 km en carretera, pero si esta cifra ya es justita para realizar una escapadita de domingo, cuando la quieres exprimir un poco (que incita a hacerlo) podremos ver como baja el indicador de carga demasiado rápido. Además, tal como nos indicaron en el concesionario, solo en 1 de cada 4 recargas se puede realizar una carga rápida. De lo contrario, degradaríamos la capacidad de la batería en muy poco tiempo.

Incongruencia comercial

La LiveWire nos ha gustado mucho, pero la vemos completamente inviable y no creemos que pueda sacar a Harley del atolladero en el que se encuentra. Es un disparate absoluto. Las Harleys nunca han sido baratas y quizás en su liga no es tan estratosféricamente cara. Pero claro, si la intención es darle un vuelco a la empresa, revertir la tendencia de números rojos y darle un impulso al menguante volumen de ventas mundial de Harley-Davidson, un precio tan alto para un producto exclusivo no ayuda.

En este sentido, un precio parecido al de una Fat Boy o una Softail, rondando los 24 o 26 mil euros, hubiera sido más razonable. Leímos hace poco que Harley se había dado cuenta de que el público joven, a quien más le podría haber cuadrado una moto de estas características, no estaba mostrando tanto interés como ellos se esperaban… No sabemos cómo estará el tema en los Estados Unidos, pero aquí muchos de los jóvenes deberían pedir una hipoteca para comprar esta moto. Siempre estarán los snobs con mucho dinero o aquellos pocos a los que les haya enamorado la moto (y que tengan mucho dinero, desde luego), pero casi con total seguridad, no serán suficientes para mantener la LiveWire en la cadena de producción.

Probablemente, este sea un modelo destinado al fracaso como ya lo fue la gama Street o como el error garrafal de matar a Buell, una submarca que hubiera podido hacer grandes cosas en Europa. “Ya solo les falta fabricar en China”, dirían algunos. Pues… ya han llegado a un acuerdo con el grupo Qianjiang (Keeway-Benelli) para fabricar las Harley de 300cc. Debemos reconocer el notable esfuerzo de la firma americana por reinventarse y volver a la senda de esplendor que se merece. Sin embargo, la gran esperanza se llama Pan America y es una maxitrail con muy buena pinta. Esperemos que la mastodóntica rutera offroad sea el balón de oxigeno que la LiveWire no ha podido ser.

HARLEY-DAVIDSON LIVEWIRE

  • Motor: eléctrico de imanes permanentes asociado a batería 1.505 kWh, ABS curva + CT
  • Potencia máxima: 105 CV
  • Par máximo: 116 Nm
  • Autonomía: 150 kilómetros
  • Peso: 251 kilos
  • PVP: 33.700 €

LO MEJOR

  • Aceleración de infarto
  • Potencia y bajos brutales
  • Parte ciclo de primera
  • Tecnología punta

LO MEJORABLE

  • Precio excesivo
  • Autonomía insuficiente

EQUIPAMIENTO DEL PILOTO (Ernest Vinyals)

  • Casco MT Helmets LeMans 2 SV Flaming
  • Chaqueta OnBoard Brooklyn
  • Bolsa SW Motech Legeng Gear LA1
  • Vaqueros RST Straight Leg Kevlar
  • Botas RST Roadster II WP
  • Guantes Büse Café Racer

LA OPINIÓN DE MANEL KAIZEN (hoysalgoenmoto.blogspot.com)

La “revolución” de Milwaukee

Ante todo, que nadie llame “custom” a la LiveWire, porque esto solo es una Harley-Davidson por las pegatinas del falso depósito y una estética que evoca un aire de familia. Punto. En todo lo demás, esto es un producto enteramente nuevo, y por las sensaciones obtenidas, yo diría que “revolucionario”… Los puristas de la marca de Milwaukee alucinarían si, veinte años atrás, alguien hubiera adjetivado así a una marca que había antepuesto el tradicionalismo a cualquier otro parámetro. Pero esto es el siglo XXI, y toca subirse al tren de las nuevas coyunturas o morir de inanición.

El primer análisis es con la moto descansando en su pata de cabra. Como decía antes, los puños, la botonería y una silueta “Sportster” hacen inconfundible su origen… En contraposición, multitud de detalles high tech conforman un pastiche neo-retro que promete hacer girar cabezas: pantalla enteramente digital, alumbrado full led y evidentemente un motor eléctrico de imanes permanentes que, pese a su asepsia, queda incluso molón metido en un chasis masivo que cruza la moto en diagonal.

Hora de ponerse en marcha… El probador es prudente con una moto que vale un dineral, y que todavía no desvelaré para no aguar la fiesta. La acogida al neófito es inmediata: increíble pero cierto, esta moto no pide adaptación más allá de aprender a comandar los modos de conducción y demás botonería. La postura tira a agresiva, adelantada y con las piernas flexionadas y algo retrasadas. El puño del acelerador modula la velocidad de manera perfecta, sin sacudidas ni vacíos. No busques el embrague, esta Harley es automática.

En pocos cientos de metros ya le has cogido confianza al rollo eléctrico. Envalentonado, el probador rosca gas para buscar la pole en el semáforo… Y ahí, amigos, es donde se desatan los infiernos de esta moto: la marca anuncia 105 caballos, pero olvídate del feeling de los motores térmicos, aquí los entrega de manera inmediata, con las únicas limitaciones de tu capacidad para aferrarte al manillar mientras sientes como tus ojos se quieren ir de sus cuencas hasta la coronilla. En serio, hay que experimentar esto, creo que un piloto de cazas sabrá lo que quiero decir; acabas “jugando” con el tráfico hostil sabiéndote ganador independientemente de la caballería de los vehículos que te rodeen.

Que el subidón de adrenalina no nos haga perder la escasa viabilidad económica de este producto: la marca anuncia una autonomía aproximada de 160 kilómetros, lo que la condena a trayectos cortos. Sin pretender ser para nada peyorativo, estoy ante el patinete eléctrico más caro del mundo, ya que su precio, y este es el hándicap definitivo, ronda los 34.000 euros. Un capricho para quien pueda pagárselo porque, y esto lo digo bien serio, las emociones que a cambio proporcionará no se pueden cuantificar en términos económicos.

Podéis disfrutar de esta extensa prueba en la MotoTaller número 296 de marzo de 2021. Y también tenemos el vídeo de la prueba que aquí os dejamos:

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