Harley-Davidson FXDR: Vuelta de tuerca

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Es difícil pasar desapercibido con la nueva Softail FXDR de Harley-Davidson. Llegó al catálogo del fabricante de Wisconsin el año pasado como la forma más deportiva de la familia, claramente inspirada en el mundo dragster, las populares carreras de aceleración tan típicas de EEUU en las que Harley tiene siempre un papel destacado. Es una Softail, sí, pero en este caso incorpora el motor más avanzado de la serie enfundado en un oscuro vestido mate que le confiere una fiera estética, deportiva, malvada, que deja claras sus brutales intenciones. La FXDR abre la puerta al mundo dragster con una puesta en escena acorde con su espectacular aceleración y una razonable deportividad dinámica.

La FXDR monta seguramente el motor más avanzado de la gama H-D, el llamado Milwaukee Eight 114. Un propulsor de casi 1.900 cc que, contra lo que es tradición en la marca, está refrigerado totalmente por agua, si bien sus formas externas imitan las aletas de aireación del cilindro para satisfacer a los más nostálgicos. También su distribución es ahora por culata de cuatro válvulas por cilindro con accionamiento hidráulico, lo que confiere una mejora de prestaciones notable y una mayor suavidad de funcionamiento, cosa que tratándose de una Harley puede llegar a parecer un contrasentido. Damos fe que la extraordinaria redondez de giro del motor y su funcionamiento con pocas vibraciones y sin “cantinelas” metálicas es uno de los aspectos más gratamente sorprendentes del propulsor, amén de la bruta entrega de potencia, en cualquier caso dosificable. Aún así, y a pesar de que el inmenso balón trasero que lleva por neumático ofrece una excelente capacidad de tracción (con una sección de 240 mm y aguantando casi 300 kg de peso, ¡como para no tener grip!), la entrega de potencia de esta FXDR requeriría un mínimo control electrónico, para que una curva húmeda o unas hojas secas de pino en el piso no se conviertan en un peligro inminente.

En cuanto a dinámica de conducción, es poco habitual encontrar una Harley con la que se pueda afrontar una carretera ligeramente retorcida con alegría y garbo. Ojo, a la FXDR le gusta la aceleración en rectas, y en eso es una auténtica bestia, pero con algo más de 36° de inclinación disponibles por cada lado, uno puede tomarse algo más en serio las curvas cerradas de lo que la media de Harley le permitiría. Las suspensiones ofrecen una buena respuesta, son firmes y bastante deportivas, aunque hay que tener en cuenta que el lanzado de la horquilla delantera no deja mucho lugar a la improvisación al afrontar cambios de dirección y que una frenada brusca sin buen apoyo delantero se traducirá en una dilatada distancia de detención.

En definitiva, la FXDR es una preciosa moto que gustará incluso a los no acérrimos de la marca, aunque hay que ponerle muchas ganas y una cuenta muy saneada para desembolsar los más de 26.000 € de base y no tener opción ni siquiera a compartir ese placer con un acompañante…

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