¡Felices fiestas y próspero año nuevo!

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Justo antes de nuestro merecido descanso navideño, os dejamos con las reflexiones de laEdito de MotoTaller Nº304 de diciembre que cierra este complejo año. Después de un 2020 para olvidar, el año que dejamos atrás ha sido neta y objetivamente mejor. Esperemos que el próximo sea aún mejor y tanto este como el resto de sectores vuelvan a florecer con más fuerza.

De parte de todo el equipo de MotoTaller, os queremos desear unas buenas fiestas, una mejor entrada al año 2022 y que la salud nos permita disfrutar de ello junto a los que más queremos.   

Nos vemos el próximo día 3/1 para arrancar juntos el nuevo 2022, un año lleno de caminos por explorar y de experiencias refrescantes…



laEdito de MotoTaller Nº304: “La perspectiva lo cambia todo”

Casi sin darnos cuenta, y casi como cada año, nos pilla el turrón sin haber hecho el cambio de armario y en manga corta. Quien dijo que el tiempo parece que se detiene cuando llega el frío no vivía en nuestras carnes ni conocía nuestro frenesí cotidiano, desde luego…

Es inevitable llegar a estas fechas y hacer balance de lo bueno y malo, como decía la canción. Hay consenso en algo: si tomamos como referencia 2020, este año que ahora acabamos resulta entre bueno y excelente. Claro que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, y si lo vemos en términos absolutos o comparando las cifras sectoriales y las generales de la economía con las de 2019, la perspectiva cambia claramente a peor. Y es que —ahora vamos a lo que promete el titular de esta editorial— todo depende del color del cristal con que se mira.

Me dijeron que cuatro ruedas son mejor que dos. Por eso me compré otra moto

Si nos hubieran dicho a finales de 2019 que el siguiente año iba a ser nefasto, un año catártico, absolutamente impredecible e indescriptible, no solo en lo que respecta a la moto sino a toda la coyuntura social, sanitaria y consecuentemente económica, nos hubiéramos echado las manos a la cabeza. A pesar de los pesares, la moto no lo pasó tan mal como el resto de sectores y es por eso que, echando la vista atrás y especialmente a los lados, cabe decir que 2020, visto lo visto —una expresión que hemos oído y dicho ad nauseam últimamente— no fue tan malo como se esperaba.

Con 2021 se puede decir que pasó algo parecido, no tanto en el devenir concreto sino en las líneas maestras. Tenía que ser el año de la recuperación, había ganas, parecía que el virus entraba en una fase de control y que la actividad económica tímidamente despegaba. En este caso, probablemente se pusieron muchas esperanzas, demasiadas, en volver a los números negros enseguida y aunque, una vez más, el de la moto fue uno de los sectores que salió más airoso del atolladero, la crisis de suministros y la incertidumbre general afearon un ejercicio apático, inestable e insuficiente, pero dentro de lo malo, aceptablemente satisfactorio.

Y ahora estamos a punto de abrir la caja de 2022, con muchas amenazas, casi tantas incertidumbres como cuando abríamos la del 21, muchas ganas, más necesidades y demasiado ruido alertando sobre un posible recrudecimiento de la crisis de suministros, de la logística y de los costes estructurales.

No es que sepamos mucho de nada, pero algo nos ha quedado claro durante este tiempo: si la actitud es la adecuada y sabemos relativizar, nos irá mejor que si nos dejamos ganar por la euforia excesiva o por el pesimismo injustificado. Así que estos días festivos y durante los primeros compases del año de los dos patitos, hagámonos un favor todos a nosotros mismos: seamos felices y sonriamos tanto como podamos, más de lo que seguramente nos apetecería. La actitud marca la diferencia en la vida. Y con la perspectiva adecuada, todo resulta más fácil. Hagan la prueba.

¡Gas, V’s y Muy Felices Fiestas!




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