EXAMEN DE CONCIENCIA

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Raymond Blancafort
El mercado de las dos ruedas podría dividirse en dos sectores básicos y claramente diferenciados: el del medio de transporte urbano y el lúdico-deportivo-libertario. El primero puede tener buenas perspectiva de crecimiento pero en contrapartida el negocio está más en el volumen de ventas que en el margen de beneficio. El segundo no aporta tanto volumen pero el margen de beneficios es superior. El primero puede crecer si responde a las necesidades del mercado y sabe contener sus precios. El segundo está sujeto a los vaivenes de la economía y de la moda.
Por supuesto, cada uno de estos dos grandes paquetes tiene numerosos subsectores y hay otros nichos de mercado. Pero algunas veces es bueno volver a los orígenes, reducir a lo esencial el abanico de posibilidades, para poder analizar en profundidad las causas que han conllevado a la crisis y las vías reales de futuro. Especialmente si lo urgente, el día a día, no permite encarar lo importante.

Me hago está reflexión tras comprobar los movimientos del gigante Honda. Primero dijeron adiós al ciclomotor en Europa y ahora, en los últimos salones de este otoño, parecen haber moderado la “huída hacia delante” en forma de tecnología agresiva, más potencia, más prestaciones y diseño exacerbado. Es como, sin olvidar el núcleo de clientes todavía importante que buscan estas características, estuvieran dando un giro hacia una cierta racionalidad. Motos capaces de transmitir suficientes emociones pero a la vez lógicas, más al alcance de todos tanto por conducción como por precio. También, por el polo opuesto: un Grupo Piaggio que integra un gran número de marcas y que en muchos casos compiten con productos no excesivamente diferenciados.
Una reflexión que se nos antoja necesaria en un negocio en el que, pese a la existencia de grandes marcas, la atomización es notable y en el que se preparan para entrar otros actores al son de la tecnología eléctrica y el respeto medioambiental. Y en el que el revival, la apelación a la nostalgia, se traduce en intentos de hacer revivir viejas marcas que en su día supieron a gloria.
No es un ejercicio fácil el examen de conciencia. Pero en ocasiones es imprescindible.

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