El DC-6 estrellado en la sierra de l’Albera, por Manel Kaizen

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En esta ocasión, Manel Kaizen nos introduce, con su habitual maestría y sensibilidad, en el escenario real de un accidente aéreo:

El Pirineo es un gran farallón que separa físicamente Francia y España, y que me perdonen los andorranos por obviar su singularidad. Son sobradamente conocidas las grandes cumbres que dejan sin palabras a quienes se adentran en alguno de los valles oscenses, catalanes o navarros, por mencionar solo lo que hay a este lado de la frontera… Sin embargo, en sus extremos, donde la montaña se encuentra con los mares Cantábrico y Mediterráneo, la orografía pierde fuelle, y aun presentando respetables alturas, palidece ante los “tresmiles” de tierra adentro.

La sierra de l’Albera pone punto y final a los Pirineos por el Mediterráneo, y su altura máxima son los 1.256 metros del pico Neulós; si un extremo de l’Albera es el propio mar, el otro podríamos situarlo alrededor del paso fronterizo de La Jonquera.

El 19 de julio de 1986, un vehículo incendiado junto al campo de fútbol de Le Perthus prendió la masa forestal, y de ahí se propagó a velocidad de vértigo montaña arriba. La tramontana soplaba con rachas de más de 100 kilómetros por hora, y por esa razón los hidroaviones no pudieron despegar… Con la excepción de un Douglas DC-6 de la Securité Civile francesa. Este viejo aparato de cuatro hélices había sido modificado para trabajar como bombardero de agua, y de hecho su capacidad doblaba a los entonces populares “Bombardier Canadair”.

El DC-6 francés, con matrícula F-ZBBU y denominado “Pelican 64”, despegó de Marsella, y una vez en la zona del incendio, sólo le dio tiempo a realizar una descarga antes de estrellarse a pocos metros de la cima del Puig de les Canals, zona agreste a escasos kilómetros de la línea fronteriza: las rachas de viento, combinadas con las turbulencias del incendio y la visibilidad mermada por el humo fueron las causas del siniestro. Murieron los cuatro tripulantes (piloto, copiloto, mecánico y ayudante), y a la vez se desencadenó un nuevo foco de llamas, por el combustible derramado.

Un equipo de bomberos y sanitarios franceses entraron por un camino desde Le Perthus, y una vez corroborados los fallecimientos, se los llevaron de allí con la imprescindible ayuda de otro hidroavión, ya que el fuego estuvo a punto de sitiarles. Se dio la tragicómica circunstancia de que, una vez movilizada la comitiva judicial de Figueres para certificar las muertes, llegaron trabajosamente hasta el aparato sin que nadie les dijera que allí ya no había nadie, ni vivo ni muerto.

El fuego continuó desbocado tres días más, provocando el pánico en los pequeños núcleos habitados de la sierra, pero sin que se tuvieran que lamentar más víctimas mortales, aparte de las ya mencionadas del DC-6. En total, se calcinaron unas 24.000 hectáreas a ambos lados de la frontera. El puesto aduanero de la Jonquera/Le Perthus se salvó de las llamas por apenas unas decenas de metros.

A causa de lo escarpado de la orografía, nunca se recuperó el aeroplano, quedando allí como testigo mudo del incendio y memorial a la heroicidad de los únicos cuatro tipos que aquel día hicieron su trabajo en condiciones extremas, pagando el precio más alto. Al año siguiente, se colocaron un par de placas en recuerdo de los tripulantes, y cada 19 de julio familiares y amigos suben al lugar, tradición que se ha ido perdiendo con los años.

A día de hoy, es posible acceder a los restos del avión que aún no han sido expoliados por coleccionistas de lo morboso, mediante una pista forestal que, saliendo desde Le Perthus o Cantallops, convergen en el aeroplano. Es habitual encontrar gente a pie o en bicicleta, pero alguien bregado en el enduro también llegará sin despeinarse, e incluso me consta que un escritorzuelo sobre una maxitrail también lo consiguió, en este caso entrando desde el lado francés.

En Le Perthus nace una carretera endemoniadamente estrecha, que trepa decidida por el monte y conduce hasta l’Albère; a medio camino, una pista forestal sin ningún tipo de señalización pone al visitante en el camino correcto. Al principio el camino es ancho y fácil, pero se irá complicando de manera paulatina. El paso entre los dos países está señalizado con un hito de piedra y un paso canadiense. Son varios kilómetros (¿6? ¿8?) en los que, si te atreves a separar la vista de las trampas del camino, observarás una increíble panorámica del Alt Empordà.

En el coll de l’Auleda hay un cruce de caminos, y se debe tomar el que menos gracia hace por su pronunciada pendiente; unos centenares de metros más adelante, mirando ladera arriba, es difícil no ver la cola del malogrado DC-6, pintada en blanco y con el emblema de la Securité Civile. Para acceder al aparato habrá que trepar unos pocos y trabajosos metros, que se harán más arduos si vas ataviado con indumentaria motorista.

El timón de cola, y por extensión el último tramo del fuselaje, son a la postre las partes más reconocibles del aparato: de la cabina ya no queda ni rastro, y uno de los motores de pistones también está a la vista, desprovisto de su hélice en fechas recientes.

Al igual que se recuerda la trayectoria de un ser humano, me entretendré unas pocas líneas explicando la larga (y viajada) vida que tuvo este aeroplano…

El Douglas modelo DC-6 nació en 1946, un cuatrimotor a hélices de 36 metros de envergadura, con la intención de ser un avión de carga militar. Sin embargo, pronto afloró su adaptabilidad para transportar pasajeros, por lo que fue “reciclado” en su nueva función, construyéndose más de 700 aparatos entre 1946 y 1959. Habla mucho de su fiabilidad el hecho de que, sesenta años después, todavía queden alrededor de cuarenta DC-6 en servicio activo.

“Nuestro” DC-6 nació en 1957, adquirido por la compañía norteamericana NorthEast Airlines para cubrir la base de Florida; desde allí, voló a las islas caribeñas, Washington, Nueva York y toda la costa este de los Estados Unidos. Cuando en 1972 Delta Airlines absorbió a NorthEast, continuó volando, aunque cada vez más desventajado respecto a los nuevos modelos de reacción.

Finalmente, en 1980 fue retirado de las líneas comerciales, y vendido a Sis-Q Flying, compañía que adaptaba aviones para bombardear agua. Ésta, a su vez, vendió el DC-6 a la Securité Civile francesa, la entidad que brinda apoyo aéreo en los incendios forestales; en su momento, el DC-6 fue uno de los bombarderos con más capacidad de almacenaje hídrico, y por esa razón los franceses compraron hasta cinco aparatos, convenientemente rematriculados y denominados Pelican 61, 62, 63, 64 y 65. El 64 tenía la peculiaridad de estar pintado en blanco con la banda azul corporativa, mientras que sus compañeros fueron rotulados íntegramente en amarillo. Y también fue el 64 el que acabó su servicio en una ladera de la sierra de l’Albera.

Hoy, el bosque se ha regenerado, y alrededor del aparato vuelve a florecer la vegetación mediterránea: nadie diría que ese fuselaje blanco lleva treinta y cinco años expuesto a la intemperie. Ahora que conozco su historia, me siento algo más ligado a él, y es que estas chapas ahora retorcidas han transportado a miles de personas durante millones de kilómetros, retrayéndonos a una época en la que se podía fumar dentro de los aviones, un tal Elvis Presley empezaba a despuntar, y a mí, que tan viejo me siento últimamente, me quedaban quince años para nacer.

Ha llegado la hora de marcharse. Para no desandar el camino hecho, sólo hay la alternativa de continuar bajando el camino, en dirección a Requesens y Cantallops. La pendiente es respetable, incluso preocupante por momentos (recordad que soy un trailero bastante mediocre en lo marrón), pero la BMW R1250GS que me han prestado tracciona a la perfección, y pocos kilómetros después llego al castillo feudal de Requesens, digno de visitar si te queda resuello para caminar unos cuantos cientos de metros más. A partir de ahí, ya sólo queda llegar a Cantallops, recuperar el asfalto, mirar hacia atrás y comprobar que, siguiendo el avión, al final ha salido una excursión “off” de lo más aceptable.

Manel Kaizen, autor del bloc “Hoy salgo en moto”.

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Juan

Que bueno, seria posible pasar la situación del avion por google maps, ho se saben las coordenadas?

    Manel Kaizen

    Hola Juan! Gracias por tu atención, puedes ubicar la posición del avión tecleando "AVIÓN DOUGLAS DC6 1986" en el buscador de Googlemaps... Saludos!

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