Rodibook 2018, la crónica

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El verano toca a su fin pero para muchos motoristas no es sinónimo de síndrome posvacacional, lavadoras o actualizaciones del correo electrónico. Mientras la gran mayoría de aprovechan sus últimas horas de libertad otros las exprimen en el Rodibook, un evento moto-turístico que, año tras año, congrega a más de 800 motoristas y que volvió a ser el foco de reunión de sus incondicionales el pasado sábado 1 de septiembre.
El aparcamiento del antiguo cuartel militar de Vielha se llenó hasta los topes de motos, principalmente trails de todas las marcas y generaciones, preparadas para recorrer los más de 600 kilómetros de carreteras abiertas que planteó la organización en su séptima edición. Es en este centro neurálgico donde se realizaron las verificaciones técnicas y administrativas pertinentes el viernes 31 de agosto. Además, también se podían realizar breves tomas de contacto con modelos KTM y Husqvarna o realizar los últimos retoques mecánicos y de mantenimiento a la moto en los stand de Rodi Motor Services o Michelin.
Con los nervios a flor de piel y la sorpresa de sentir expectación a cada paso, realizamos el papeleo necesario para que nos entregaran nuestro dorsal y lo más importante: el roadbook. Exacto, a diferencia de otras moto-rutas, en la Rodibook debes dejar atrás la tecnología y transportarte al pasado para superar cada cruce e indicación. Por si eso no fuera suficiente, este año la organización nos tenía preparada una sorpresa en modo de tramo de navegación opcional además de un atajo para aquellos menos sufridores.
Desde el mismo lugar se tomó la salida hacia una ruta completamente desconocida, a menos que la noche anterior se estudiara detenidamente el roadbook repleto de indicaciones para asustar al más experto. El escueto briefing del viernes apenas sirve para remarcar algunos puntos claves del enrollado y demostrar que la esencia de este evento sigue intacta desde el día uno: Navegación a la antigua y muchos kilómetros para llegar a los destinos más insólitos del Pirineo catalán y francés. El misterio es parte del juego así como el buen ambiente, la no competición y el compañerismo, vital para poder finalizar, antes o después, un desafío demoledor y gratificante a partes iguales.
Con el sol todavía dormido empezaron los primeros participantes a encender los fríos motores de sus máquinas. El reloj marcaba las 6:30 horas de la mañana cuando algunas ruedas recorrían los primeros metros de una intensa jornada. De forma dosificada los ansiosos motoristas fueron tomando la salida en grupos de tres cada treinta segundos y el campeón de Moto 3 Álex Márquez, junto al también campeón nacional Emili Alzamora, fueron los encargados de iluminar el camino de los más madrugadores. Como si de conseguir las mejores prendas de las rebajas se tratara, los protagonistas de esta crónica nos presentamos cuando apenas eran las siete y los rayos de sol nos pillaron ya en nuestro primer tramo de curvas. Como no podía ser de otro modo dejamos atrás las dudas y nos lanzamos a por el rollo más complicado, sin kilómetros de menos y con la navegación sin nombres tras la comida. Pero para ese tramo aún faltaban viñetas que completar.
Apenas hicieron falta unas curvas y alguna que otra aceleración para que, a través de nuestros intercomunicadores Sena, nos escucháramos suspirar por las motos que cabalgábamos. Para Ernest Vinyals KTM España tenía lista una Adventure 1090 mientras que para mí, se lucieron al entregarme las llaves al reto llamado KTM Duke 790. La firma parece haber encontrado el botón adecuado con este último modelo y pronto sabremos más de la variante trail que montará su motor bicilíndrido de 799 cc. Entre tanto pasábamos la frontera a Francia, territorio por el cual trascurriría el 90% de la ruta y del que no volveríamos hasta que se hiciera de noche.
Sin más dilaciones y con ganas de exprimir nuestras monturas al máximo nos comimos el tramo inicial hasta el primer punto de control, no sin antes maravillarnos de los paisajes vírgenes que lucen desde el Col du Portillon y que no podríamos disfrutar a nuestra vuelta nocturna. Antes de llegar también encauzamos por el ya tradicional para el Rodibook, Col Peyresourde, cuando todavía entonces íbamos en un grupo consistente de más de 20 motos. No tardamos en descubrir que la gravilla iba a ser una de nuestras principales compañeras y es que si algo caracteriza este evento son sus carreteras (por llamarlas de algún modo) o pistas asfaltadas por las que, parece, no han pasado vehículos en décadas.

Primer punto de control-Sacoue
En la sala de fiestas del pueblo francés de Sacoue pudimos marcar nuestra primera muesca, ya solo faltaban 5 puntos más a cientos de kilómetros de distancia entre ellos. Tras un breve refrigerio y las actualizaciones 2.0 a nuestras redes sociales, nos subimos a lomos de las motos para seguir afrontando un tramo entre pueblos donde el tiempo parece haberse detenido. No es de extrañar, entonces, que en localidades por las que circulamos como Bertrand de Comminges se celebren festivales medievales, el entorno es el indicado.

Segundo punto de control-Grottes de Betharrm
Curvas rápidas, lentas, muy poca recta, el Col des Palomieres y un sinfín de viñetas después, al menos para alguien que nunca había utilizado un sistema tan vintage, llegamos al CP2. En este punto la organización del Rodi nos tenía una veloz visita preparada a las Grottes de Betharram. Estas cuevas merecen toda la atención así que quedan apuntadas en el marcador de lugares pendientes, para un día que no queden más de 400 kilómetros por delante. Con las pilas cargadas, una temperatura agradable y el hambre empezando a aflorar, nos propusimos subir el ritmo sin dejar de sorprendernos por nuestro entorno. El punto de control secreto estaba relativamente cerca del CP3 situado en Arette, localidad donde comimos una paella cocinada por los murcianos del Restaurante El Tirol.

Tercer punto de control-Arette y cuarto punto de control y secreto
Con algo más de 300 kilómetros a nuestras espaldas ya podíamos ponernos al día de nuestras primeras anécdotas y sensaciones con los trajes de RST y los cascos Bell. Para una ruta de estas características es de vital importancia sentirse cómodo y nosotros lo teníamos asegurado, tocaba dar el callo y dejar de buscar excusas: el tramo de navegación nos esperaba. Sin más idea que la de sobrevivir al “desafío Dakar” (como le llamé) arrancamos y nos encontramos en una de las zonas más bellas del recorrido, sin saber siquiera de qué localidad se trataba. El calor, el cansancio y la gravilla no pudieron estropear un instante que quedará grabado en la retina de aquellos que dejaron los titubeos a un lado y se lanzaron a completar el Rodibook tal y como lo idearon sus organizadores: de principio a fin.
Como en el CP4 apenas podían parar unas pocas motos lo dimos por conseguido tras la comida, tan solo faltaba poner el trip a cero y seguir con el tramo de navegación un poco más. A veinte kilómetros del ascenso al Col de Marie Blanque se terminó el circular casi a ciegas y gracias a eso pudimos exprimir un tramo rápido que quedará para los relatos que contemos a nuestros cercanos. El tiempo se nos echaba encima y la poca preparación física empezaba a hacer mella en mis brazos, no por ello las ganas de seguir sobre la Duke 790 y seguir descubriendo innovaciones como el Quickshifter o el selector de modos (Sport, Track, Street y Rain).

Quinto punto de control-Col des Spandelles
El momento más crítico llegó durante el ascenso al Col des Spandelles con su pista rota, con gravilla y lenta. Eso sí, las vistas bucólicas desde su cima valieron la pena para conseguir el CP5. Se hacía de noche a cada minuto y todavía nos faltaban 150 kilómetros por recorrer y un puerto mítico que atravesar. El Tourmalet nos esperaba a oscuras así que, como lo harían en el Tour de France, nos agrupamos un buen número de motoristas con ganas de escaparnos pero sin apenas fuerzas para ello. La seguridad de las luces de nuestras liebres y una velocidad trepidante hizo que el tramo más duro del Rodibook fuera también el más entrañable.
Todavía remontamos el Col d’Aspin y de nuevo Peyresourde y Portilhon antes de llegar a España. Viehla quedaba cada vez más cerca y ya con las baterías de los intercomunicadores agotadas nos dio tiempo de hacer introspección: ¿Qué había supuesto el Rodibook 2018? No solo había acumulado kilómetros de puertos de renombre, también sumaba una experiencia vital a mi joven casillero vacío de contiendas psíquicas y físicas de este calado. Más allá de las horas totales, llegar antes o después o la velocidad media de la jornada, lo más importante fue acabar con una sonrisa, los ojos a medio cerrar y la firme evidencia de que, en apenas unas horas, dejaría atrás el cansancio para convencerme de que no sería mi última Rodibook.

Nuestras motos
Para afrontar un reto de la dureza del Rodibook 2018 hace falta tener las ideas muy claras, un objetivo inamovible y el mejor compañero de viaje, una moto a la altura. KTM España ha encontrado en este evento moto-turístico la excusa perfecta para presentar sus modelos más acordes y atrevidos ante los aficionados. Una cosa quedó clara desde el principio: subirse a una unidad de esta firma te hará ser el centro de todas las miradas. Su estética agresiva, repleta de aristas y con detalles característicos como las ópticas delanteras han encajado en el parking de muchos amantes de las piezas casi únicas. Para los que no se convencen por la superficie les invitamos, desde ya, a conocer el fondo de estas bestias.
La KTM Duke 790 ya nos dejó perplejos durante la prueba realizada por Moto Taller. Heredar la electrónica de la 1290 Super Duke R la ha democratizado, rebajando su tremendo carácter sin perder el empuje de un motor que ha resultado ser casi perfecto. El LC8c bicilíndrico firma una potencia de 105 CV y 87 Nm de par, fácilmente pilotables gracias a soluciones de última generación como el cambio Quickshifter, el ABS con antibloqueo en curva, el control de tracción y los modos de conducción que se detallan en el artículo, entre otros. Especial mención merece el Akrapovič que montaba esta unidad y que nos sacaba una sonrisa a cada petardeo. Tras finalizar la Rodibook solo quería entrar al parking de escondidas y volverme con esta Duke 790 para casa, había descuadrado por completo mi concepto sobre ella. El comportamiento dinámico se asemeja bastante a su estética bruta, pidiendo siempre más y más pero sin llegar a ser descontrolado.
La hermana pequeña de la familia Adventure está cargada de argumentos que borrarán los perjuicios de cualquiera de un plumazo. Cuando se lanzó a principios del año pasado, estrenaba el control de tracción además de un equipamiento electrónico al nivel de las nuevas propuestas KTM. Entre ellos se encuentra el ABS 9M+ desconectable o los modos de conducción Sport, Street y Rain.
Como ya pasa en la Duke 790 el peso es uno de sus mayores logros, manteniendo la báscula en solo 205 kilogramos. Un dato excelente que beneficia su maniobrabilidad en parado y su relación peso-potencia gracias al uso del acero de cromo-molibdeno en el chasis. Un conjunto que, unido al motor 1050 cc de 125 CV, permitió a Ernest disfrutar de cada puerto sin echar en falta una variante superior.

Y nuestra equipación
El confort es un elemento principal de las moto-rutas como la Rodibook 2018 y por ello confiamos en RST Moto para nuestra equipación. Del elemento de seguridad más importante, el casco, se encargó Bell con dos unidades muy distintas entre ellas mientras que los intercomunicadores y la cámara de vídeo del casco de Ernest eran de la marca Sena.
La de Ernest: su traje (chaqueta y pantalón) completo RSP Pro Series Adventure III es el tope de gama de la firma, prendas capaces de aguantar en el desierto australiano y más de 14 horas de ruta por los Pirineos catalanes y franceses. Su diseño, muy acorde con la estética trail que está de moda, llama la atención pero son sus soluciones lo que acaban convenciendo. Protectores repartidos por las zonas más críticas, entradas de aire ajustables para una ventilación adecuada, bolsillos de gran tamaño e impermeables y un total de 3 capas para que se pueda usar durante todas las estaciones. Las botas RST Paragon II WP resultaron de lo más cómodas y eficaces sobre la KTM Adventure, del mismo modo que los guantes RST Stunt III.
El casco Bell MX-9 Adventure MIPS Torch era más digno de una ruta off-road que de la Rodibook pero supimos sacarle partido a su estética vintage motorsport. Sus colores blanco, azul y amarillo parecían encajar a la perfección con cualquiera de las Husqvarna expuestas el viernes así que apuntaremos esa combinación ideal en nuestra memoria. Para ajustar mejor la talla se pidieron unas carrilleras extras de 30 milímetros frente a las de 35 mm que trae de serie, un cambio acertado para el confort.
La de Telva: el color gris es mi favorito e ir combinada a la perfección una de mis mayores obsesiones. Es por eso que al ver el tono del casco y los detalles amarillos del traje RST me convencí, iba a ir hecha un pincel.
En mi caso el traje Gemma gris y flúor supone la gama de acceso al textil de RST pero… menudo traje. Pese a solo tener dos capas (superior y la térmica) resultó más que suficiente para los cambios de temperatura del Rodibook y la talla S (mido 1,60) se adaptó perfectamente a mi cuerpo. Las protecciones estaban donde tocaban y sin necesidad de atar la chaqueta con el pantalón conseguí que no entrara nada de aire. Las botas waterproof RST Tundra me sorprendieron por su comodidad, tanto subida como bajada de la moto, mientras que los guantes RST Urban Air II me conquistaron por su diseño.
En mi caso el casco SRT Modular Hart Luck era de lo más llamativo. Su estructura modular es muy recomendable para la ciudad pero a la hora de hacer kilómetros su peso empieza a ser un inconveniente. Pese a este hándicap cabe destacar que es el primer casco que no sufro durante su estreno, fue cómodo de principio a fin y me convenció de la utilidad de esta variante 50/50.

Datos de la Rodibook 2018
Motos inscritas: 857 motos
Acompañantes: 55
Mujeres: 23 pilotos y 51 acompañantes
Países de los participantes: Andorra, Alemania, Francia, Italia, Portugal y España con mayor presencia de Barcelona.
Kilómetros totales: 658,6 km de los 630 marcados por el roadbook.
Horas: 14:30h de ruta y 11:11h sobre las motos
Velocidad media: 60 km/h.

Una crónica de Telva Somoza (IG: @telvasv)

Éste es el vídeo oficial del RodiBook 2018: ¡Disfrútalo!

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