Motovolta Catalunya 2018, la crónica

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Como ya os hemos ido informando, el pasado 5 de mayo se celebró la Motovolta Catalunya, un evento solidario ya que su recaudación va destinada a AFANOC, la Asociación de Familiares y Amigos de Niños Oncológicos de Catalunya. En su segunda edición se podía elegir entre dos rutas diferentes: la Motovolta para los más aventureros, de 984 kilómetros totales, y la Mitjavolta, de 479 kilómetros, para aquellos que querían un recorrido algo más corto. La ruta era totalmente distinta a la de la edición anterior, este año subimos hacia el norte cruzando la provincia de Girona, posteriormente nos dirigimos hacia Sort (Lleida) y de ahí descendimos hasta casi la provincia de Tarragona, concretamente hasta Horta de Sant Joan, finalizando el tramo en Barcelona, en el Ace café Barcelona, donde iniciamos la ruta, y obteniendo así una ruta en sentido anti horario.

La Motovolta de casi mil kilómetros es por la opción que apostamos. Era evidente, Ernest y yo teníamos muchas ganas de moto y de pasar un día magnífico descubriendo lo que nos habían preparado los organizadores del evento que tenía nueve puntos de control de dos tipos diferentes, uno fotográfico y otro presencial o de sellado. En el fotográfico tenías que hacer una foto con algún elemento del entorno del punto de control y el de sellado consistía en presentar a los organizadores el carnet de ruta que nos entregaron el día del brefing para que lo pudieran sellar. Estos puntos de control estaban intercalados entre sí durante toda la ruta.

Antes de dar el pistoletazo de salida, no sabíamos bien lo que nos íbamos a encontrar, pronosticaban lluvias durante todo el día, y eso nos hizo empezar con mal pie debido a que nos iba a llover la totalidad de las horas que íbamos a circular, aunque en ningún momento pensamos en abandonar sino quizás, en tomarlo con algo más de tranquilidad. De hecho, cuando llegamos al Ace café por la mañana sobre las 5:45, no llovía, y eso nos hizo pensar que sería un buen día y que la lluvia no impediría completar la vuelta a Catalunya. Nuestros dorsales eran el número 6 y 7, es decir, salíamos los primeros de todos los inscritos, a las 6:30 de la mañana. Era el momento de dar gas: nos esperaban risas, muchas curvas, diversión, compartir muy buenos momentos sobre la moto, quizás lluvia, y, por supuesto ¡¡casi mil kilómetros sobre la moto!!

 

Control 1: Ace Café–Santa Pellaia

Salimos del Ace Café a las 6:30 de la mañana con la ruta puesta en el GPS, pero nada más empezar ya hizo de las suyas y nos entretuvo un poco. Menos mal que pusimos el track de la aplicación de Wikilock (muy recomendable, por cierto, para todo tipo de rutas) como soporte para seguirlo correctamente. La salida fue muy inesperada, la climatología apuntaba 100% de probabilidad de lluvia y en todo el tramo el cielo aguantó muy bien, pudimos ver incluso el amanecer subidos al lomo de nuestras motos.

Este tramo tuvo sus primeras rectas, que fueron bien para podernos despertar y saber que íbamos a empezar los mil kilómetros. Hubieron tramos de carreteras algo reviradas que dieron las primeras emociones a la ruta, incluidos el tramo justo antes de llegar a la iglesia de Santa Pellaia, primer punto de control fotográfico y primero de la Motovolta. Una pequeña iglesia algo escondida, que si no nos hubieran hecho parar no la hubiéramos visto. Al ser el primer control y estar muy fresco, se agradece que sea fotográfico para poder continuar la ruta de manera más eficaz y ligera.

Estábamos tan emocionados… era nuestro primer punto de control, y nos esperaban ocho más a lo largo del día! Es una sensación alucinante…

 

Control 2: Santa Pellaia–Sant Pere de Rodes

Nos dirigimos al punto de control número dos, primer punto de control de sellado, continuando por una carretera muy revirada, frondosa y con mucha humedad, que me hizo pensar en los puertos de montaña que rodean los Pirineos. Imagino que las cuatro gotas que cayeron hicieron de este tramo un mini puerto francés. De ahí enlazamos con alguna carretera principal o más recta para poder acercarnos el máximo al Cap de Creus. La lluvia se acercaba, o nosotros nos acercábamos a unas nubes negras y grises que traían consigo un gran diluvio. Por suerte, esto no ocurrió y sí que nos acompañó la lluvia, pero fueron un par de gotas que refrescaban el camino.

Entrando en el Cap de Creus, llegó la gran recompensa, que no era llegar al punto de control sino surcar cada una de las curvas que bordean esta zona de la costa Brava, que me hicieron pensar en algún que otro momento en la cantidad de veces que había pasado por ahí y que a pesar de ello, siempre tiene algo mágico que te hace sentir viva. Me sorprendió mucho la subida al castillo de Sant Pere de Rodes; jamás pensé en desviarme para subir hasta arriba. A pesar de que la carretera estaba rota, las vistas que había des de arriba, compensan todo.

Por cierto, hasta este control estuvimos acompañados por el equipo de TotalMotor, compuesto por Beto López y Cecilia Heras, los cuales decidieron quedarse para poder realizar algunas entrevistas.

 

Control 3: Sant Pere de Rodes–Toses

Empezaba lo bueno, nos adentrábamos en el Pre-Pirineo y los Pirineos catalanes, tramo muy conocido por las moteras y moteros. En concreto, atravesamos dos puertos de montaña, el de Canes y el de Toses. El primero fue todo un descubrimiento para mi, jamás había cruzado este puerto que une la población de Olot con Ripoll siendo parte de la conocida transpirinaica, la cual realicé pero por otra carretera distinta. Empezó a llover en este tramo e hizo que la carretera estuviera mojada, pero el clima se comportó y solo dejó un par de gotas durante unos minutos, seguidamente paró.

Después realizamos el tramo que va de Ripoll a Toses, otro de los tramos de la famosa Transpirinaica, de la N-260, el cual ya había realizado con anterioridad, incluido el tramo que llega hasta la estación de Toses, muy divertido por sus curvas cerradas, las vistas pintorescas y los túneles estrechos que cruzas. En este punto de control, debíamos tomar una fotografía de la estación de tren de Toses, permitíendonos así avanzar más rápido; a nosotros nos fue bien porque al tener hambre quisimos ir más ligeros en el siguiente tramo para llegar pronto.

 

Control 4: Toses–Port del Cantó

Dejando atrás la estación de tren, cruzando por la Molina, presenciamos nieve que aún quedaba por derretirse y que, vista la climatología, aún duraría bastante, y continuamos por la N-260, pasando por diferentes pueblos pirenaicos, que nos recordaron en ciertos momentos a Andorra, al frío y al interior de montaña.

Este fue un momento clave, no sabemos si fue que dejó de llover, el hambre o las ganas de moto, que nos hicieron aumentar el ritmo y conducir de manera más exigente. Fue muy divertido, el hecho de activarnos en los 5 sentidos y dar lo mejor de nosotros nos hizo echarnos unas risas después de comentar la jugada. Esta carretera que une Toses con Sort, que incluye multitud de curvas de alta montaña con algun tramo de carretera rápida, te hace pensar en lo divertido que es ir en moto y compartir esta experiencia con tus amigos, a pesar de haber hecho esta carretera un montón de veces.

En el Port de Cantó, punto de sellado de nuevo. Este puerto, tan conocido por los motoristas que buscan la suerte y que se dirigen a Sot a comprar la lotería, no podía faltar en esta Motovolta! Un control en toda regla donde podías pedir bocadillos y te ofrecían avituallamiento de nuevo. Es de agradecer que hubiera avituallamiento cada dos controles.

 

Control 5: Port del Cantó–Estany de Montcortés

Este punto de control fue de apenas treinta kilómetros entre punto y punto de control, el más corto pero una parada obligatoria para contemplar las magníficas vistas que ofrece un lago metido entre montañas. Además, la carretera parecía un camino rural asfaltado, pasando por alguna que otra casa típica de pueblo. Corto pero intenso, y muy recomendable de visitarlo, os lo aseguro.

 

Control 6: Estany de Montcortés-Albatàrec

Seguimos descendiendo por la zona lleidetana, alejándonos de las montañas y acercándonos a una zona más plana y seca que todo lo visto anteriormente. Todo este tramo nos ha hecho pensar en la Motovolta Pantans, cruzamos por las mismas carreteras y el paisaje fue espectacular porque nos hizo recordar los buenos momentos vivido en la anterior Motovolta. La verdad, fue como si la volviéramos a realizar un pequeño tramo, y como si los organizadores nos estuvieran animando a continuar y seguir para completar todos los puntos de control.

En el punto de control, esta vez sellado, fue increíble conocer a los pequeños futuros moteros que animaban el control a base de micrófono y mucha energía! Fue muy divertido poder ver cómo arrancaban la moto y como se divertían saludando a cada uno de los participantes. Una frase que se me quedó muy grabada fue cuando uno de los niño dijo: ‘Y lo importante no es ganar sino participar!’, y es bien cierto, no tenías por qué acabar la Motovolta sino que el haber llegado hasta ahí era todo un premio. Aun así nos hubieran hecho falta mil elefantes para pararnos, sabíamos que la acabaríamos completando, fuese como fuese.

 

Control 7: Albatàrec – Horta de Sant Joan

Dejando atrás el fantástico control del pueblo de Albatàrec, nos avisaron que en el último punto la lluvia caia muy fuerte y que tuviéramos cuidado estos últimos Km que nos quedaban. Nos aventuramos, los km disminuían y veías cómo la gente te daba ánimos a continuar, es decir, llegados a este punto te das cuanta que lo estas logrando, y que a pesar del cansancio y del esfuerzo que conlleva, lo vas a lograr! El punto de control que nos esperaba era fotográfico, y eso nos permitió realizar la fotografía y continuar al último punto de control antes de llegar al Ace Café.

¡Este tramo fue alucinante! Llegar a Flix y coger un desvío que bordea el río Ebro, rodeado de montañas, árboles frondosos, la lluvia… ¡un paisaje pintoresco para recordar toda la vida! Por un momento creí que estaba en algún otro lugar del mundo, y realmente estaba en Cataluña, increíble sensación, ¿verdad? A pesar de la lluvia, las curvas fueron emocionantes, y las carreteras secundarias que nos llevaron hasta el punto de control fueron inimaginables. Incluyeron un pequeño tramo de tierra para poder hacer la fotografía del punto de control, aunque también había carretera para acceder pero obvio que tiramos por tierra. Este fue un momento único, después de 715km recorridos, un pequeño tramo para aliviar tensiones y cargas que generan tanta curva, fue magnífico!

 

Control 8: Horta de Sant Joan–La musara

Este tramo se nos hizo eterno, con la cantidad de kilómetros que nos quedaban aún, el tramo no era en vano, aún nos quedaban curvas que trazar para llegar hasta el último control, el cual era de sellado y dónde nos animarían a continuar hasta la llegada al Ace café.

En este tramo, lleno de curvas muy abiertas, se podía circular de manera más rápida, y es que sin darnos cuenta aumentamos mucho el ritmo, veía que se acercaba la hora del cierre del punto de control y nos salía que llegábamos con posterioridad a ello. Sin casi darnos cuenta, nos acercábamos cada vez más y el día decaía, se presentaba la noche cada vez más intensamente y la oscuridad iba en aumento. Justo antes de subir las curvas que llevaban al control de la Musara, nos preguntábamos: ¿estará ya cerrado? junto a otro participante conseguimos subir, cruzándonos por la misma carretera muchas motos en sentido contrario y finalmente llegamos. Estaban casi cerrando y vimos que ya estaban guardando las cosas, y justo, en cuestión de minutos, se hizo de noche. Los organizadores nos animaron a continuar y nos explicaron que, desde hacía un buen rato, las motos se dirigían a la meta por autopista.

 

Control 9: La musara–Ace Café Barcelona

Tras sellar y comentarnos que aún nos quedaba tralla, era hora de decidir que hacer, había anochecido y particularmente me dio rabia no poder continuar la ruta, pensamos que era peligroso por si se nos cruzaba algún animal, además de que quedaban muchas curvas. Decidimos volver directamente por autopista, que básicamente eran los mismos kilómetros pero, entre el dolor de cabeza, la cantidad de horas que llevábamos encima de la moto y comprobar que quedaban prácticamente 3 horas para regresar, decidimos finalmente coger el peaje y volver al Ace café. Ya allí, sellamos y nos dieron una magnífica hamburguesa bien merecida. A pesar de no haber optado por ir por el camino marcado por los organizadores en este punto de control, habíamos conseguido realizar la Motovolta completa con cada uno de los puntos de control y los mil kilómetros de más en el contador de nuestra moto. Creo que, a pesar de lo duro que fue y lo cansados que estábamos, la alegría de haber superado este reto, fue toda una recompensa que pudimos celebrar nada más llegar.

En definitiva, y como siempre, la organización de la Motovolta fue estupenda. Unas grandes y reviradas carreteras unidas con pequeños tramos de principales que hicieron cargar en nosotros y en nuestras motos estos magníficos mil kilómetros de diversión alrededor de Catalunya. Para mi fue un día de pequeños grandes descubrimientos, alguna que otra carretera que me ayudó a recordar otras muchas rutas realizadas y un día entre amigos, con Ernest. Os doy las gracias y un gran: ¡FELICIDADES!

Ahora estoy ansiosa a la espera de la próxima ruta… ¿y tú?, ¿te animas también?

Una crónica de Montse Pérez (@derutaconmontse)

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