Aprendimos y disfrutamos en el Bassella Trail Camp

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El mes de mayo pasado se estrenó la Bassella Trail Camp, la primera motoruta organizada por el equipo de BassellaExperiences, orientada a los usuarios de motos trail que nunca o pocas veces se atreven a dejar el asfalto para adentrarse en el “marrón elemento”, la tierra. El formato arraigó y a principios de octubre la gente del Museu de la Moto de Bassella se lanzó a reeditar el evento, esta vez en otoño, con la idea de crear una cita de pequeño formato bianual que permita conocer cómo el cambio de estación también influye en el entorno al que hay que hacer frente con la moto trail. En un reducido grupo de 25 motos, la de otoño fue una Bassella Trail Camp casi familiar en la que aprendimos nociones de conducción offroad. Y las pusimos en práctica, claro.

Inquietos por naturaleza, la familia Soler, quien está tras el Museu de la Moto de Bassella y Bassella Experiences, acariciaban desde hacía tiempo la idea de crear un evento para los usuarios de motos trail y maxitrail, quienes en su mayoría se hacen con estas motos con la idea de viajar casi únicamente por carretera, y poder ofrecerles así un espacio y un programa en el que puedan conocer más a fondo las posibilidades que les ofrece su moto y llevarse a ellos mismos más allá de sus límites, a veces autoimpuestos, probando y disfrutando la conducción offroad. Con esa vocación didáctica, nació el primer Bassella Trail Camp el pasado mes de mayo y hace poco, en pleno otoño, organizaron la segunda edición de este evento llamémosle mototurístico, pero que dado su carácter familiar y la variedad de actividades disponibles, dista mucho de lo que solemos conocer como motoruta.

La Bassella Trail Camp (BTC), organizada por el mismo equipo que desde hace ya 10 años monta esa gran fiesta del enduro llamada Bassella Race 1, se plantea como un evento de dos días en el que se pueden escoger varias rutas alrededor del área de Bassella, según si pretendemos tomar un recorrido 100% asfáltico (aunque casi siempre se trata de carreteras muy secundarias en malas condiciones), mixto o casi en su totalidad offroad. Al mismo tiempo, podemos escoger ir por libre y guiarnos gracias a un road book cuidadosamente preparado que la organización nos entrega al inicio; o bien, si así lo preferimos, que un guía nos conduzca en un reducido grupo de moteros de nivel parecido.

Así fue como el pasado 13 y 14 de octubre nos dirigimos a Bassella con ganas de aprender y de disfrutar sobre la moto, en este caso con una KTM 1290 SuperAdventure R muy superior en potencia y prestaciones a las del piloto que intentaba gobernarla. En el emblemático Museu de la Moto nos encontramos con el resto de los inscritos, que en esta ocasión no superaban las 25 motos. A las claras, se trata de un evento familiar en un formato en el que los chicos de Bassella Experiences se encuentran especialmente cómodos: su intención es limitar el número máximo de participantes a un máximo de 60 o 70 motos para así fomentar el intercambio de sensaciones y opiniones entre todos los participantes y crear un clima de cercanía y experiencia personalizada difícil de alcanzar en eventos más multitudinarios.

A primera hora, iniciamos la jornada con un curso de iniciación a la conducción offroad de una moto trail o maxitrail. Isaac Feliu, nada menos, fue quien se encargó de hacernos entender la física que afecta a una moto y cómo se comportará al sacarla del asfalto para poder asumir sus caprichosas reacciones.

Después, iniciamos una ruta guiada de unos 150 km por carreteras y caminos de tierra por la comarca de la Noguera, lo cual ya fue un excelente calentamiento para llegar a la comida con hambre de sobras.

Tras la amena barbacoa, nos lanzamos de pleno a una ruta totalmente offroad en la que   sufrimos para dominar con dignidad la enorme entrega de potencia de la KTM, su descomunal altura y su generoso peso. Aún así, la diversión y el aprendizaje estuvieron asegurados durante los más de 60 km de recorrido.

Al llegar victoriosos (bueno, dejémoslo en “dignos”) de nuevo a Bassella nos esperaba un rápido refrigerio para después disfrutar de la cena en el Hotel Can Boix de Peramola.

En la jornada del domingo, en la que ya no pudimos participar, se sucedieron los buenos momentos entre rutas, road books, guías, tierra, asfalto hecho trizas, paisajes extraordinarios, alguna que otra caída y moto, mucha moto. El caso es que ya estamos esperando la convocatoria de la próxima BTC que será, muy probablemente, en abril próximo.

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